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Los Becher y la Escuela de Düsseldorf

Comoquiera que sea valorado, el matrimonio formado por Bernd y Hilla Becher resulta determinante en la consideración de la fotografía actual. Sus calculadas tipologías han entretallado la imagen entre el post-documentalistas y el intelectualismo, una forma de observar pura y desdramatizada que nace tras la cruda experiencia de dos guerras mundiales. Para los alemanes era imprescindible...

el 15 sep 2009 / 20:38 h.

Comoquiera que sea valorado, el matrimonio formado por Bernd y Hilla Becher resulta determinante en la consideración de la fotografía actual. Sus calculadas tipologías han entretallado la imagen entre el post-documentalistas y el intelectualismo, una forma de observar pura y desdramatizada que nace tras la cruda experiencia de dos guerras mundiales. Para los alemanes era imprescindible desentenderse de su pasado reciente, desechar la realidad. Querían obviar cualquier prejuicio y aprender a ver de nuevo con diferente mirada. De ahí que recurrieran a la fotografía objetiva, casi taxonómica. No querían implicaciones ni sentimentalismos, los movía una inquietud enciclopedista, sólo pretendían capturar vestigios de su pasado industrial para dejar memoria de las fábricas siderúrgicas o mineras -tan características entonces en su país-, antes que desaparecieran.

Cuando los Becher empezaron a dar clases en los 70 en la Academia de Arte de Dusseldorf, rápidamente una primera generación de alumnos absorbe su maestrazgo y empieza a aplicar sus enseñanzas. Cada uno a su manera, pero siempre marcando las distancias con lo fotografiado, anteponiendo rigor y conceptualismo. Candida Höfer, Andreas Gursky, Thomas Ruff, Axel Hütte y Thomas Struth forman parte de ese grupo inicial de discípulos, un quinteto considerado hoy entre los mejores fotógrafos del mundo. De la segunda promoción sólo voy a destacar los dos pupilos más aventajados, Elger Esser y Simone Nieweg.

Curiosamente en un viaje reciente a París he tropezado con una ilustrativa exposición sobre La Escuela de Düsseldorf que me resultó muy provechosa. En un guiño museográfico inteligente, distinguía a modo de prólogo la relación del grupo con figuras emblemáticas como Gerhard Richter, Sigmar Polke y Hans-Peter Feldmann, resultando a nivel global una monografía esclarecedora que sirve para entender muchos de los propósitos del arte germano en la segunda mitad del siglo XX y de la fotografía que se hace ahora.

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