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Los caballos toman la Plaza Nueva

Las monturas de los rejoneadores Romero y Valdenebro, al alcance de los aficionados.

el 29 abr 2014 / 21:05 h.

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Muestra de caballos de rejoneo en la Plaza Nueva. / Carlos Hernández Muestra de caballos de rejoneo en la Plaza Nueva. / Carlos Hernández (FOTOGALERÍA) La Plaza Nueva se convirtió en un inmenso picadero para mostrar la belleza y los secretos de la doma, la preparación y la presentación de los caballos de rejoneo a pie de calle. Si hace solo una semana era la plaza de toros la que abría sus puertas para que todo el público pudiera aproximarse a las sensaciones que experimentan los toreros cuando pisan ese inmenso ruedo, ésta vez fue el toreo a caballo el que tomó las calles de la ciudad. Se trataba de devolverle, aunque solo fuera por unas horas, la vinculación con el universo agrario y ganadero ligado a la cultura del toro, el toreo y el caballo que nunca se debió perder. La iniciativa había partido de la empresa Pagés, que se ha arremangado la ropa para tratar de contrarrestar el clima enrarecido que ha acompañado la rebelión de esos cinco toreros alzados que han obligado a cambiar muchos usos y costumbres aceptados durante décadas. Pero si ha habido una consecuencia positiva dentro del desaguisado general esa es este impulso decidido para mostrar al público, aficionado o no, el sano orgullo de una actividad que está por encima de cualquier coyuntura. Los definitivos protagonistas de este evento fueron los rejoneadores Luis Valdenebro y Andrés Romero; pero sobre todo, cuatro de las monturas que emplearán en sus inminentes comparecencias en la plaza de la Maestranza. Valdenebro, que ya sabe lo que es cortar una oreja en el coso de Sevilla, está anunciado en el tradicional festejo matinal del Domingo de Farolillos que este año estrena formato de terna y deja atrás el largo combo de seis rejoneadores que ideara el recordado Diodoro Canorea. El jinete es hijo del rejoneador y ganadero del mismo nombre y pertenece a una de las familias de mayor solera y alcurnia del campo bravo de Sevilla. Romero, por su parte, es un jinete onubense que llega a Sevilla avalado por su maestro, el gran Diego Ventura, que testificará la alternativa que le otorgará Andy Cartagena en la tarde del próximo domingo. Ambos pertenecen a la última hornada de rejoneadores y poco a poco se van haciendo hueco en los carteles de una especialidad en la que cuesta mucho entrar en las grandes ferias. Pero hay que volver a la calle para dibujar el ambientazo que se vivió ayer delante del Ayuntamiento que, no se olvide, tiene declarada a la Tauromaquia como Fiesta Mayor de la ciudad. La plaza era una verdadera fiesta de amor al toreo y el caballo, representado en las cuadras de Romero y Valdenebro. La gente tuvo la oportunidad de acercarse a los animales, acariciarlos, admirar su belleza y preguntarles a sus jinetes y cuidadores por las singularidades su doma, pero sobre todo por los secretos de su compleja preparación para la lidia de reses bravas. Luis Valdenebro acudió a la Plaza Nueva con Pintingo, un imponente castaño morcillo, que emplea de salida para parar a los toros. La segunda montura que exhibió delante de la fachada municipal fue Niza, un precioso perla-isabelino que saca en el tercio de banderillas. Andrés Romero, por su parte, se trajo a Cantú, un impactante e inusual albino que emplea en el segundo tercio, además de Carbón, un elegante alazano que saca de salida. Pronto los veremos en el ruedo.

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