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Los cambios que se vislumbran en Euskadi

Las 72 horas posteriores al asesinato en Bilbao del policía nacional Eduardo Puelles han permitido la escenificación de un cambio ético y estético que se reclamaba en el País Vasco desde hace ya demasiados años...

el 16 sep 2009 / 04:39 h.

Las 72 horas posteriores al asesinato en Bilbao del policía nacional Eduardo Puelles han permitido la escenificación de un cambio ético y estético que se reclamaba en el País Vasco desde hace ya demasiados años. A diferencia de crímenes anteriores, no se han vivido las típicas opiniones equidistantes y equívocas con las que algunos líderes del nacionalismo democrático valoraban las acciones más repugnantes de la banda asesina. El ejemplo está en la mente de todos. El lehendakari Juan José Ibarretxe condenaba con firmeza cualquier atentado, pero apostillaba casi todos sus testimonios con coletillas referidas al conflicto y a la necesidad de buscar una solución que acercara a todos los vascos y las vascas. Con el cambio en las instituciones de la comunidad, los españoles nos hemos ahorrado un lenguaje tan higiénico. El socialista Patxi López ha sabido expresar el sentir de la mayoría, y lo ha hecho sin reparo alguno y sin matices. Su discurso del sábado en el centro de Bilbao anteponía el dolor de las víctimas de los terroristas a los análisis oportunistas de quienes no terminan de oponerse frontalmente al mundo violento de los más radicales. Pocos demócratas dejarían de suscribir sus palabras. Y pocos también no habrán apreciado los cambios en el Parlamento vasco y en las declaraciones públicas de la mayoría de las fuerzas políticas de Euskadi. Otra cosa es el silencio vergonzante de dirigentes como Arnaldo Otegi, que vuelve a callar después de que una bomba destruya su intención de montar una plataforma soberanista, o las amenazas proferidas por el dramaturgo y líder de Iniciativa Internacionalista Alfonso Sastre, cuyo fanatismo delirante le lleva a avisarle al lehendakari López de que como no haya negociación, el País Vasco sufrirá "más dolor". Ellos son el ejemplo vivo de los resoldos totalitaristas que aún perviven entre un sector minoritario de la sociedad vasca cuyos comportamientos son inadmisibles en una sociedad democrática.

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