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Los caminos del olvido

Ayer, camino de la exposición El retrato en el Renacimiento del Museo del Prado, el ruido insoportable del tráfico madrileño me hizo caer en la cuenta que había olvidado el que hace poco soportaba el centro de Sevilla...

el 15 sep 2009 / 06:40 h.

Ayer, camino de la exposición El retrato en el Renacimiento del Museo del Prado, el ruido insoportable del tráfico madrileño me hizo caer en la cuenta que había olvidado el que hace poco soportaba el centro de Sevilla y concluir que el triunfo de unas circunstancias produce el olvido de las anteriores. Quizás por eso me asaltara en medio de la muestra otra evidencia: mientras en Italia, Países Bajos o Alemania la pintura de personajes alcanzaba cotas muy altas, en España el género no existiría hasta el Barroco. Del período sólo recordé los retratos de Tito Livio, Horacio o Cicerón en la galería alta de la Casa de Pilatos. No existe nada parecido hasta los "varones ilustres" de Pacheco, pero eso no se ve.

El autor de los retratos del palacio sevillano fue un morisco, Diego Rodríguez Benamar, del que nada se sabe: por lo que vemos debía estar perfectamente integrado en nuestro Renacimiento pero ahí ya se trazaba la raya infranqueable entre unas gentes y otras, según su origen. Las artes y artistas que quedaron en el lado infame acabaron discriminados, expulsados, desconocidos. Llegaron nuevas circunstancias, se olvidaron las anteriores y todo pareció seguir como antes. Puede que ahora pase igual con la raya que ha puesto la UE a los inmigrantes y que dentro de poco veamos normales las expulsiones pero olvidaremos preguntarnos si produjo un vacío en artes o ciencias.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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