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Los cien días de esperanza de Obama

En los días en que se proclamaba a Barack Obama presidente de los Estados Unidos de América se hizo común escuchar en medios periodísticos y políticos que daba igual quien fuera el inquilino de la Casa Blanca...

el 16 sep 2009 / 01:57 h.

En los días en que se proclamaba a Barack Obama presidente de los Estados Unidos de América se hizo común escuchar en medios periodísticos y políticos que daba igual quien fuera el inquilino de la Casa Blanca, pues sus estrategias siempre estarían supeditadas por los intereses de los más poderosos y por los condicionantes de todo tipo que rodean a quien dirige la mayor potencia del planeta. Pues bien, Barack Obama ha demostrado en sus primeros cien días que no da igual quién se sienta en el Despacho Oval. En poco más de tres meses de actividad frenética, el presidente de EEUU ha emprendido un agresivo programa de inversiones públicas para el rescate de los mercados financieros e industriales de su país, ha autorizado la investigación con células madre y ha girado el rumbo de la política exterior norteamericana hasta extremos impensables hace solo unos meses. En materia económica, algunos expertos americanos lo han tildado de "socialista", un término que en ese país se considera despectivo y que, en este caso, demuestra el nivel de pragmatismo que impera en este nuevo mandatario mundial. Obama y su equipo económico saben que es prioritaria la recuperación de la confianza y ha apostado por una fuerte intervención pública en el sistema que contrarresta los excesos de la Administración Bush, que confundió liberalismo y desregulación y dejó el camino abonado para una especulación salvaje. Pero es en el apartado internacional donde se hacen aún más notorias las diferencias entre uno y otro dirigente. EEUU ha pasado de un Gobierno preso de un unilateralismo enfebrecido y que llegó a amparar la utilización de métodos de tortura a otro que ha cambiado la estrategia belicista en Irak y Afganistán y ha hecho gestos de aproximación con países como Venezuela o Cuba, aparte de decretar el cierre de ese monumento a la ignominia llamado Guantánamo. Es imposible que con el caudal de expectativas que ha desatado no se genere en algún momento un cierta sensación de desilusión en torno a Obama, que no es ningún mesías, pero por ahora ese instante no ha llegado.

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