Los cigarreros reconocen a Morante de la Puebla como su primer Hijo Predilecto

El Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa destaca la calidez de diestro en su prólogo

el 25 jun 2014 / 00:30 h.

El torero Morante de La Puebla durante su discurso. Foto: A. P. El torero Morante de La Puebla durante su discurso. Foto: A. P. Lejos quedaba anoche aquel niño que jugaba en la calle Cervantes a ser torero. Lejos y muy cerca, porque de los capotes de un juego inocente en las calles de La Puebla del Río poca distancia hay a la valentía que en el ruedo demuestra José Antonio Morante Camacho, Morante de La Puebla. La misma que tuvo ayer al enfrentarse a su público más exigente, sus vecinos, sus cigarreros y cigarreras, que alegres y orgullosos le nombraron Hijo Predilecto de La Puebla del Río. Un reconocimiento que como muchas orejas, ayer elevó al cielo. Si mérito tiene enfrentarse al toro bravo, más puede tener el hecho de ser el único cigarrero predilecto. Un reconocimiento que solo se le da a aquellos, como bien recordó ayer el alcalde de La Puebla, Manuel Bejarano, «quienes han nacido en la localidad, han destacado por sus cualidades, por sus méritos personales en beneficio de la Villa y en el ámbito público». Porque para su pueblo, Morante ha llevado a La Puebla a las plazas más lejanas, ha paseado su arte por los ruedos de medio mundo, pero, sobre todo, ha antepuesto la solidaridad hacia su pueblo. Los cigarreros ayer premiaron el sentir de un pueblo. Alabaron la responsabilidad de un hombre, que aún siendo un niño, optó por imprimir las calles que le vieron nacer como su nombre. Y es que para Morante, quien además de ser nombrado Hijo Predilecto recibió la Medalla de Oro de la Ciudad ante todos sus vecinos, el sentirse cigarrero es como «el que se aquerencia a las faldas de su madre o a los brazos de su abuelo». Para Morante, y lo dejó bien claro en su loa hacia La Puebla del Río, por muchos sitios que haya visto o vivido «La Puebla es el La Puebla». Y a Morante le gustaría poder «aprender a torear despacio, algo parecido al trazo de tus aires serenos». Un pueblo que ayer miraba admirado y orgulloso la grandiosidad de un hombre que, como remarcó el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, nada tiene que ver en la calidez ante sus vecinos a la bravura y valentía que muestra ante los toros. Y es que para el autor de La fiesta del Chivo la admiración que desprendían los ojos de cada cigarrero y cigarrera no es más que una muestra de la grandiosidad de un hombre que se siente orgulloso de su tierra, de sus raíces. Pero que La Puebla no le pregunte a su Morante que por qué la quiere. O, al menos, así lo pidió ayer. «No me preguntes la razón. Déjame que te quiera predilecto, porque lo que quiero es que se llamen como yo los que llevaron con dignidad el nombre de nuestra Puebla», rezó. «Porque soy Morante, pero soy de la Puebla». Rezó, suspiró y agradeció con la mirada a aquellos que le acompañaron. Carismáticos como Los Romeros de La Puebla, que pese a su larga trayectoria ayer rindieron homenaje a su Morante. O la Banda Municipal que hicieron su paseíllo con el pasodoble de Agustín Díez Guerrero, Morante, torero. Porque como remarcó Antonio García Barbeito ayer, en una plaza, la del Ayuntamiento, donde el romero embriagaba a los asistentes, la noche de ayer era cigarrera, marismeña, Morante y torera.

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