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Los comercios del centro cambian de nacionalidad

Los negocios chinos ocupan los locales vacíos del Casco Antiguo

el 05 nov 2010 / 20:24 h.

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En Puente y Pellón un negocio oriental textil ocupa los 700 metros cuadrados del local donde estaba Siete Puertas.

A las diez de la mañana el centro se despereza. La actividad comienza en las tiendas, al menos en aquéllas que no han echado el cierre tras el rosario de clausuras en las calles del casco histórico por la crisis económica. El paro, en la zona en la que menos azota de la capital hispalense, lo notan los comerciantes, sobre todo los que regentan negocios tradicionales. El desempleo hace caer el poder adquisitivo y los clientes miran cada céntimo. Así, los productos más baratos son los que triunfan en el mercado.

Buena cuenta de ello la dan los establecimientos chinos que poco a poco copan las calles con solera comercial de la ciudad. La última apertura, la de un negocio de telefonía en plena Plaza de la Encarnación hace dos días. "Tenemos pensado abrir también en Nervión para vender productos de la marca china Bonu, de complementos para móviles", señala el dueño. Letras orientales en una plaza en la que las obras son el preludio de otro polémico cambio, el arquitectónico.

De ella sale Puente y Pellón, que fue "la Tetuán de los años sesenta y setenta". Así lo indica Vicente Carrasco, dueño de una tienda de ultramarinos que se encuentra en la vía desde hace 90 años. Él y su padre anteriormente han sido testigos privilegiados de los cambios y de muchas crisis. "Lo que falta es liquidez, porque el patrimonio sigue existiendo y claro, el paro, pues influye mucho en esto", reflexiona.

En cuanto a su parecer sobre la apertura de negocios orientales en una calle copada históricamente por tiendas tradicionales, dice que "es el resultado del mercado libre", mientras que un cliente le replica: "Con China no hay quien pueda". Señala la apertura de otro negocio asiático un poco más abajo de la calle, en lo que antes era Siete Puertas, un comercio textil que llevaba abierto desde 1913 y que no ha superado la crisis. "Para pagar los alquileres de esta calle no se pueden vender cositas pequeñas", asegura, y añade que el alquiler de ese local cuesta "al menos 10.000 euros al mes".

Y así es. Corazón se llama. Y tiene el aspecto similar, por no decir idéntico, al de cualquier tienda del imperio Inditex de Amancio Ortega. Es, sin duda, el establecimiento que más trasiego registra a primeras horas de la mañana. "Y la gente sale con muchas bolsas, a pesar del paro y de la crisis, que para nosotros se ha notado muchísimo". La que habla es Carmen Urbano, de la tienda de camisas y corbatas Francisco Pavón. Dice que los dos últimos años la situación va de mal en peor y que la proliferación de estos comercios no ayuda a las tiendas establecidas en la calle. "El público entra sin saber que es un chino", explica. De hecho, parte del personal contratado es nacional. Es decir, que el nuevo empleo generado en estos comercios no sólo lo absorben los orientales.

Las clientas, en cualquier caso, lo tienen claro. "Es que te compras tres prendas por el mismo dinero que una en cualquier otra tienda, y la calidad no está mal", señala María, parada, residente en el centro que, aunque en otros momentos ha acudido a otro tipo de tiendas a comprar, "ahora siempre doy un vistazo antes en éstas por si encuentro lo que quiero". Junto a ella, Paloma que, aunque no padece el desempleo, asegura que la incertidumbre sobre el trabajo existente hace "que haya que guardar un colchón".

Seguimos hasta Francos, después de comprobar la cantidad de carteles en locales de Puente y Pellón con los habituales "se alquila" o "se traspasa". Entre ellos, un gigante como Vilima, todo un símbolo de la situación. Los antiguos almacenes Peyré se alzan entre la primera calle y Álvarez Quintero vacíos. Escaparates sin vida, como muchos de los establecimientos de la zona, marcada por los comercios tradicionales.

Poco hace que ocupa uno de estos locales Josefa Gasull y sus trajes de flamenca. Asegura que últimamente hay más aperturas además de la suya, aunque "las cosas no están bien". Por ahora, al no ser temporada y al haber abierto recientemente, no sabe si el incremento de las cifras del paro de los últimos meses repercutirá o no en las ventas. "A partir de enero se verá", añade.

Bajando por Sierpes en dirección La Campana mucha gente se mueve con bolsas y mira escaparates. También en la histórica calle se encuentran carteles para alquilar o traspasar locales y algunos permanecen cerrados desde hace tiempo. En ella y en la paralela Tetuán lo que proliferan son los establecimientos de marcas de grandes cadenas y ahí es donde se ven más clientes. Los negocios tradicionales, como Casal o Foronda, resisten.

Pero no todo son compras y tiendas en el casco histórico de la capital hispalense. El desempleo despliega sus redes por todos los recovecos y a algunos la necesidad les ha obligado a recurrir a la ayuda solidaria. Algo más de un mes lleva abierto el comedor social de San Juan de Dios en la calle Misericordia, junto a la Plaza del Pozo Santo. Un grupo de personas espera para darse una ducha y recibir ropa limpia antes de la hora de la comida.

El hermano Salvador y Mario Fernández, trabajador de la orden, saludan a los que allí se encuentran con amabilidad y cariño. Corren tiempos difíciles, y los que más lo sufren son los que ni siquiera tienen un techo bajo el que guarecerse.

"Aparecen figuras nuevas, como los que se han quedado en paro y necesitan comida secretamente porque no tienen nada que dar de comer a sus hijos". La vergüenza se apodera de muchos cuando la necesidad aprieta, aunque en San Juan de Dios, que junto a la asociación Tú sí puedes promueve esta iniciativa, ayuda a todos los que pueden. También a las nuevas familias que a causa del paro se ven con el agua al cuello.

"Es llamativo porque ya no sólo piden ayuda para comida, sino para hacer frente a pagos de recibos como los de la luz o incluso la hipoteca, lo que sucede es que desde aquí no podemos ayudarlos en ese sentido", relata el hermano Salvador. De hecho, por el momento no cuenta con financiación de las Administraciones Públicas para esta labor y los recursos proceden de la propia orden, de Tú sí puedes y de los donativos de los que colaboran con el montante de dinero que pueden. En total, dan servicio de comedor a 135 personas, por lo que han repartido desde que está abierto 3.370 almuerzos. Para desarrollar toda esta labor, cuentan con la ayuda inestimable de 70 voluntarios.

Cerca está la calle Regina, donde los establecimientos cerrados casi superan a los abiertos. En esta vía hay poco movimiento. "El que quitaran las paradas del autobús de la Encarnación también se ha notado", protesta un comerciante. Esta parte del centro está más plagada de negocios tradicionales a los que la crisis ha afectado con especial virulencia. También en la zona hay más residentes que en el corazón del casco histórico, más ambiente de barrio, por lo que los efectos del paro se visualizan con más claridad, incluso en el mercado de la calle Feria, donde "se nota que la gente se fija más en los precios", asegura un tendero.

Así, el paro no sólo se atraganta a los que lo padecen de manera directa. Los comerciantes temen que si la situación se prolonga, haya que echar el cierre. Los chinos, sin embargo, se ven por todas las esquinas.

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