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Los días sin Marta

Desde que la joven de 17 años Marta del Castillo desapareció el 24 de enero, hace hoy nueve días, su familia vive en suspenso: todo está paralizado, todos los esfuerzos volcados en buscarla. Ni sus padres han podido volver al trabajo, ni sus hermanas al colegio. Es un sinvivir "insoportable, pero si uno cae, siempre hay otro que lo anima". Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 22:02 h.

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Desde que la joven de 17 años Marta del Castillo desapareció el 24 de enero, hace hoy nueve días, su familia vive en suspenso: todo está paralizado, todos los esfuerzos volcados en buscarla. Ni sus padres han podido volver al trabajo, ni sus hermanas al colegio. Es un sinvivir "insoportable, pero si uno cae, siempre hay otro que lo anima".

La casa donde Marta nació, ha vivido durante 17 años y donde se la vio por última vez se ha convertido en un nido donde los familiares se reúnen y se consuelan unos a otros. Los abuelos y los tíos de la joven pasan las horas allí, no sólo acompañando a los padres, sino ayudando a responder a un teléfono que no para de sonar. Muchos llaman creyendo haber visto a la joven en cualquier ciudad de España, y algún gamberro se ceba a veces con el dolor de esta familia.

La habitación de Marta, que acababa de ir al cine a ver Crepúsculo, que arrasa entre los adolescentes, sigue como la dejó. La Policía la ha revisado varias veces y se ha llevado el portátil y sus diarios para intentar saber qué pudo hacer la joven antes de desaparecer, si se vio con alguien o mantenía algúna relación oculta, pero la familia no sabe si han encontrado algo más. En la cabecera de su cama sigue El Quijote, que se estaba leyendo.

En el décimo piso en la calle Argantonio, cerca de la estación de Santa Justa, la madre de la joven ha pasado todos estos días sin salir de casa, casi sin comer, a base de tranquilizantes. Eva Casanueva, funcionaria de la Agencia Tributaria, es "la que peor lo está llevando", confirma el tío de Marta y portavoz familiar, Javier Casanueva. La ayuda de los psicólogos que los atienden por mediación de la Subdelegación del Gobierno la está ayudando: "hacen un seguimiento diario, te escuchan y te ayudan a afrontar las cosas", cuenta Javier. Pero no ha sido capaz de volver al trabajo.

Tampoco el padre, Antonio del Castillo, empleado de una firma aeronáutica. "Su jefe le dijo que se cogiera los días que necesitara, pero se ha dado de baja", dice Javier. El padre, con los ojos siempre rojos de llanto, cuenta que es el primero que se levanta y el último que se acuesta contestando el teléfono, porque "todas las llamadas son importantes" si pueden resolver la desaparición de su hija, a la que un amigo dejó en el portal la noche del sábado, tras pasar la tarde en Triana.

Subió y encendió el ordenador, en el que pasaba horas conectada a Tuenti, como todos sus amigos. Luego nada más se sabe. Antonio llama a la Policía a cada rato. "Me cogen hasta de madrugada, se están volcando". Pero no le dicen más que todas las hipótesis están abiertas, tanto la de una marcha voluntaria como forzosa. Un mutismo necesario, pero que los desespera.

Las hermanas de Marta, de 13 y 11 años, tampoco han vuelto al colegio San Juan Bosco. La familia no quiere que las acosen a preguntas sobre la joven, muy conocida porque la familia ha pasado toda la vida en esa calle, donde se hace mucha vida de barrio. En los arriates se reúnen cada tarde pandillas de chavales. Uno que pasó allí esa noche de sábado, sin ver nada extraño, confiesa que desde entonces en su grupo no se habla de otra cosa.

A los amigos de la joven les pasa igual. Días enteros buscándola, pegando carteles, organizando hasta una manifestación y dándole vueltas a la cabeza los han dejado exhaustos y piden un poco de tranquilidad. La familia lo comparte. "Esta semana puede que las niñas vuelvan al colegio, y los padres tendrán que trabajar. Habrá que seguir", dice Javier. Pero hacer cualquier plan es doloroso. Todos tienen un único afán: Que Marta vuelva.

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