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Los donantes vivos sin vínculo con el paciente disparan los trasplantes

Las operaciones en vivo crecen un 39% y se consolidan como alternativa a las donaciones de fallecidos tras la caída de la mortalidad. Andalucía acapara el 40% de trasplantes cruzados.

el 03 ene 2013 / 20:11 h.

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Un grupo de médicos del Virgen del Rocío durante la operación de un trasplantado.

Un paciente con insuficiencia renal crónica tarda de media entre año y medio y dos años en recibir un trasplante de riñón. La espera en el caso de otros órganos, como el hígado, pulmones o el corazón, es menor: entre tres y cinco meses. En Andalucía el porcentaje de donaciones con personas fallecidas es abrumador. En 1993 donaba el 67% de andaluces, el año pasado lo hizo el 86%, según cifras que aportó ayer la Consejería de Salud. La solidaridad de los andaluces y la elevada concienciación sobre los trasplantes son dos de los factores que explican el descenso de un 12,5% de personas que espera para recibir un órgano sano.

En 2010 aguardaban su turno 905 andaluces, en 2011, 850 y el año pasado 743. Las cifras tienen más impacto si se tiene en cuenta que en los últimos años ha descendido el número de accidentes de tráfico, que hasta ahora era el contexto del que salían más donantes. El índice de mortalidad por accidente vascular cerebral se ha desplomado un 42% en la última década. Las víctimas en carretera representaban el 38% de los donantes en 1993, y en 2012 no llegaban el 6%.

Los hospitales andaluces realizaron el año pasado 734 trasplantes: 305 de donantes fallecidos y 71 de personas vivas. Esta última modalidad se ha disparado un 39% respecto a 2011, y no es casual. Para cubrir el hueco de donantes que ha dejado el descenso de la mortalidad, Salud ha empezado a explorar múltiples alternativas con trasplante en vivos, una operación que antes de 2004 era puramente "anecdótica": apenas hubo cinco de media en trasplantes de este tipo en las últimas tres décadas. Y de repente, entre 2006 y 2012 los hospitales andaluces han registrado 257 trasplantes renales de donantes vivos (71 sólo el año pasado, que se convirtió en cifra récord).

En la misma línea de explorar nuevas oportunidades de trasplantes, los hospitales han abierto la puerta a las donaciones altruistas, de personas que no tienen relación biológica con el paciente. Hasta hace poco eran casos puntuales, pero ayer el coordinador regional de trasplantes de Andalucía, Manuel Alonso, adelantó que la tendencia pronto convertirá a la pareja del paciente en primer donante. Por ahora siguen siendo los padres los primeros en ceder un órgano a sus hijos (33,7%), seguido de cónyuges (30,4%) y hermanos (27,2%). El jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Puerta del Mar de Cádiz, Manuel Rivero, explicó que ahora poseen "drogas inmunosupresoras tan fuertes que permiten hacer trasplantes de riñones de personas con ninguna identidad genética con el receptor".

El cuarto puesto de donantes lo ocupa la técnica del trasplante renal cruzado, que existe sólo desde hace dos años. A veces, por problemas inmunológicos o incompatibilidad del grupo sanguíneo, un paciente no puede recibir el órgano de su donante. El hospital busca entonces una situación similar en otra pareja con la misma incompatibilidad donante-receptor, y trata de cruzar sus órganos. Los pacientes se intercambian de forma recíproca y simultánea a sus donantes. En Andalucía hay tres hospitales que desarrollan esta técnica (el Virgen de las Nieves en Granada, el Virgen del Rocío en Sevilla y el Puerta del Mar de Cádiz). Desde 2009 se han practicado 25 trasplantes renales cruzados y diez de ellos (el 40%) se hicieron en Andalucía.

Otras técnicas para evitar el descenso de donantes son el llamado trasplante en asistolia o a corazón parado, el birrenal, el trasplante hepático en dominó o el split. Estas dos últimas modalidades consisten en hacer dos trasplantes a partir de un solo hígado. En el caso de la modalidad en dominó, el órgano de un donante fallecido es trasplantado a un paciente portador de una enfermedad denominada polineuropatía familiar amiloidótica, que supone el deterioro del hígado y que se detiene con el trasplante. A su vez, el hígado extraído de este último paciente se le coloca a otro enfermo en lista de espera, evitándole así las consecuencias de la misma enfermedad. En el trasplante split se pasan los dos lóbulos que tiene un hígado a dos pacientes distintos (esta técnica es muy habitual en niños). "El nivel de supervivencia de los trasplantados cinco años después de la operación es diez puntos superior en Andalucía que en Estados Unidos. Somos líderes en cantidad y también en calidad", dijo Alonso.

Del donante de 35 años en 1993 al donante de 80 años en la actualidad

El perfil del donante ha sufrido un progresivo envejecimiento con los años. En 1992, la edad media era de 35 años, muy en consonancia con la elevada tasa de mortalidad en las carreteras españolas. En 2012, el donante fallecido tipo tiene más de 60 años. El 54% de los andaluces que donan un órgano cuentan con esa edad, el 34% tiene más de 70 años y el 7% más de 80. Los que tienen menos de 45 años representan sólo el 17%. “Una persona que ha llevado una vida sana puede ser donante a una edad tardía”, apunta Alonso. Respecto a donantes vivos, el 63% son mujeres.  El que tenía más edad contaba con 71 años y el menor con 22 años. La mayoría de trasplantes en Andalucía fueron de riñón (457) e hígado (203). También más de 1.300 pacientes recibieron implantes de distintos tejidos (córneas, válvulas cardíacas, tejido óseo, segmentos vasculares, etc). 

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