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Los dos espantos

En España nos hemos acostumbrado a la superposición de espantos. Al horror del asesinato de un ciudadano -un demócrata, un honrado trabajador, y también cargo público del PSOE o el PP- siempre le sigue el otro horror: el de la división entre los partidos, el de la brecha en la sociedad, el del cinismo y la utilización perversa y sanguinaria del muerto aún caliente.

el 15 sep 2009 / 01:22 h.

En España nos hemos acostumbrado a la superposición de espantos. Al horror del asesinato de un ciudadano -un demócrata, un honrado trabajador, y también cargo público del PSOE o el PP- siempre le sigue el otro horror: el de la división entre los partidos, el de la brecha en la sociedad, el del cinismo y la utilización perversa y sanguinaria del muerto aún caliente.

Me encantaría creer que un día los partidos mayoritarios cerrarán un acuerdo unitario por la paz y contra ETA. Pero lamento de veras no creerlo. Aunque hubo un tiempo en que fue así hoy se antoja imposible y también creo sinceramente que la culpa de PSOE y PP no es simétrica. No cabe la equidistancia cuando los hechos se afanan tozudamente en demostrar lo contrario. Por lo visto, para el PP sólo hay una cosa peor que negociar con ETA: la mala conciencia de haberlo hecho también. Para el medio de cabecera de la derecha española sólo hay algo peor que los asesinos con los que negoció el PP: los que negociaron con el PSOE. Sería irónico si no resultara infame caer hoy en la cuenta de que el Gobierno, con el apoyo y la autorización del Parlamento y haciendo exactamente lo mismo que los anteriores gobiernos, se sentó a la mesa con terroristas. Claro, ¿o es que pensaban que el fin del terrorismo en Irlanda del Norte, y algún día en España, se negocia con Papá Noel? Lo saben pero no les importa cuando la política y el periodismo se ejercen sólo como táctica para alcanzar un fin y sin que importen los medios, por más que se quiera camuflar la iniquidad con el disfraz del servicio a los intereses del pueblo español o bajo la apariencia impostada de la auténtica libertad de expresión, indomable y libre. Falso.

La Diputación permanente del Congreso volvió a ser el viernes testigo de un nuevo desmarque del PP de la unidad del resto de demócratas, sus puntualizaciones al margen, sus ruedas de prensa en solitario para marcar "acentos" y su reserva para secundar cuantas manifestaciones y actos se convocaran ayer al margen de la decisión unánime del resto de grupos de atenerse a las concentraciones previstas para mañana. Una concatenación de despropósitos: en los días previos al atentado, el impagable diputado Martínez Pujalte seguía afirmando que el Gobierno negociaba con ETA... durante la misma campaña. Es decir, sólo horas antes de que ETA asesinara un ex concejal socialista. En España este tipo de afirmaciones no invalidan a nadie para seguir en el ejercicio de la política, pero debería. Aunque, antes al contrario, el sucio Pujalte recibirá los parabienes del resto de la pandilla macarra y pendenciera, que celebrará con risotadas su hallazgo. Al igual que el siniestro Alcaraz de la AVT, quien no se ha cortado en afirmar que ETA quiere beneficiar al PSOE con el asesinato del ex edil vasco. Y después dice el sujeto que Zapatero insulta a las víctimas.

Por supuesto que es mucho más difícil explicarle al pueblo que se negocia con una banda terrorista para intentar el final del terrorismo que transmitir, con el pecho buchón, la palabra contundente y la mirada severa que se va a acabar con ETA sin negociación alguna. Máxime, si el presidente del Gobierno comete el error mayúsculo de habilitar una nueva vía con la banda tras el atentado de la T4. Pero hasta ahí, la negociación más transparente que ninguna y tan fracasada como las anteriores. Y lo más triste: que a nadie le caben dudas de que tanto el PSOE como el PP tienen el mismo objetivo: acabar con ETA.

Y así, entre denuestos y supuestos, hemos llegado al entierro de otro ciudadano. Al llanto inconsolable de su viuda y sus hijos. Al desgarro de sus compañeros y al dolor de todos los españoles. Hemos alcanzado un nuevo estadio de la desolación como país castigado por una lacra tan cruel y estéril como persistente. Y hemos firmado un nuevo acta del desacuerdo entre demócratas.

A partir de mañana, el espectáculo, ya sin tapujos ni disimulos, será de aurora boreal. Pero hoy toca votar para que los terroristas no ganen la mano. Votar con conciencia, criterio y libertad.

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