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Economía

«Los emprendedores deberían empezar a montar empresas con 40 años»

Entrevista a Antonio Barrero, socio de Patentes Cala Cerrada. Confía en que él y su hermano puedan dar un salto definitivo como empresarios con la patente del Punto Naranja, un sistema de apoyo para el rescate de personas que se están ahogando.

el 26 abr 2014 / 23:06 h.

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Antonio y Pepe Barrero, con el dispositivo que han inventado para rescatar a ahogados. Antonio y Pepe Barrero, con el dispositivo que han inventado para rescatar a ahogados. / Carlos Hernández Después de 30 años montando –y desmontando– empresas de todo tipo, de informáticas a turísticas, Antonio Barrero y su hermano Pepe decidieron perseguir una idea que se les ocurrió tras la trágica muerte de tres policías que intentaron rescatar a un joven que se estaba ahogando en el mar. El dispositivo Punto Naranja, que apoya a quienes intentan socorrer a nadadores en apuros, se ha instalado ya en la malagueña playa de la Malagueta. ¿Cómo se les ocurrió desarrollar un invento tan peculiar? A raíz de un accidente que ocurrió el 28 de enero de 2012 en A Coruña, donde murieron tres policías tratando de rescatar a un estudiante erasmus que se había caído al mar. Comentándolo con mi hermano nos fuimos enterando de que todos los años se ahogan 700 personas entre playas, ríos, pantanos y piscinas. No entendíamos cómo hay campañas por los accidentes de coche y no por esto, ni por qué el Estado se hace cargo de quien se pierde en alta mar, pero de la boya de balizamiento hacia dentro se ha cedido la competencia a los ayuntamientos, que no tienen dinero para hacerse cargo, y nadie hace nada. El 68 por ciento se ahoga sin que haya delante un profesional que lo ayude, porque hay días y horas sin socorristas. Además, no nos cabía en la cabeza que un rescate sea como hace 200 años: un tío se mete en el agua, lucha contra los elementos, y si se cansa o le da un calambre, se ahoga. ¿No había dispositivos similares? No hay ningún dispositivo en el mundo que ayude a los socorristas espontáneos, a los que se meten en el agua porque ven a alguien ahogarse, que suelen ser un familiar o en muchos casos un policía. ¿Cómo lo diseñaron? No somos ingenieros, usamos el sentido común. Tuvimos la idea, la pintamos en papel y con ese boceto pedimos al Instituto Andaluz de Tecnología que desarrollase el diseño industrial. Cuando tuvimos los planos fuimos a la empresa sevillana Elinser para que lo fabricase. La carcasa nos la hace de Técnicas de Embalaje S.A., Tesa, de Marchena. ¿Cómo funciona este aparato? La idea es que el socorrista pueda entrar y salir del agua con garantías y rapidez. Es una línea de vida con un arnés que ha fabricado Manufacturas Andaluzas en Jaén, y que incluye un sistema de flotabilidad y un mando. Para cogerlo se tira de una anilla, que abre la puerta y conecta con una central de alarmas en Barcelona, que envía una ambulancia o a la Policía. El socorrista se pone el arnés, corre por la calle de evacuación de la playa y se tira al agua a por la víctima. Cuando la tiene afianzada, activa la recogida con el mando y un motor de energía solar lo recoge a 1,5 metros por segundo. Cien metros en un minuto, cuando nadando se tarda cinco o seis. ¿A qué distancia puede llegar? La línea de vida mide 350 metros y resiste 1.500 kilos, lo que permite regresar con una víctima, dos o tres, algo que un socorrista no puede hacer. Además, si está inconsciente hay seis o siete minutos para reanimarla, por lo que se gana un tiempo vital y las probabilidades de supervivencia pasan del 20 al 80 por ciento. Yse garantiza la vuelta sano y salvo del rescatador. Normalmente se emplea el 40 por ciento de la capacidad física para llegar hasta la víctima porque hace falta el 60 por ciento para volver, que es lo que no saben los espontáneos, por eso algunos se ahogan. Y por último, un socorrista cuando llega a la orilla no puede hacer las maniobras de reanimación porque viene asfixiado; así llega descansado y sí es capaz. ¿Cuánto se tardó en desarrollar el Punto Naranja? Unos tres o cuatro meses, y un año más para validarlo en el Centro de Seguridad Marítima Jovellanos de Gijón, del Ministerio de Fomento. Luego lo probamos en las playas de la Malagueta y Estepona. Después de incluir muchas mejoras, el Ayuntamiento de Málaga ha sido el primero en comprar el dispositivo. ¿Cuál es el precio de venta? 15.000 euros la unidad, con instalación y conexión a la central de alarmas y primer año de mantenimiento, seguro antivandálico... llave en mano, vamos. En la Malagueta se han puesto tres para cubrir toda la playa. Y la última sentencia contra un ayuntamiento por el ahogamiento de un bañista, en Orihuela (Alicante), imponía una indemnización de 160.000 euros a la familia... ¿Qué mercados quieren abarcar? Tenemos distribuidores en Costa Rica, República Dominicana, Honduras, Panamá, Guatemala, Portugal, Sudán, Qatar, Emiratos Árabes y estamos a punto de cerrarlo en Italia. En EEUU estamos en negociaciones después de haber estado en Miami con la agencia Extenda de la Junta. En España vendemos a través del grupo Semac, que también se ocupa de la instalación y el mantenimiento, y tenemos un acuerdo con Medios Acuáticos, la empresa de socorrismo de Málaga y Cádiz, que lo ofrece a los ayuntamientos donde trabaja para que sus socorristas estén más seguros. ¿Cuántos puestos de trabajo ha creado el inicio de la actividad? En nuestra empresa somos cinco, pero indirectos se han creado 12 o 14 en las empresas con las que trabajamos para fabricar el producto. ¿Hay planes de futuro? La gente también se ahoga en los barcos, y lo hemos adaptado. Según la ley marítima está prohibido que alguien se tire al agua si otro se cae, hay que hacer una maniobra regresando con el barco. Con ayuda de la empresa Ghenova estamos desarrollando un Punto Naranja con el arnés cogido a una especie de embarcación pequeña, con un torpedo de rescate que va a por la víctima gracias a una pulsera GPS que tienen que llevar todos en el barco. La víctima se agarra y con un mando activa el regreso por la línea de vida. Vuelve en un minuto en vez de 20, y sin problemas de hipotermia o de no encontrar a la víctima. La Corporación Tecnológica de Andalucía nos ha concedido un crédito de 100.000 euros, el 30 por ciento de subvención. ¿Han echado de menos apoyo de la administración para emprender? Tuvimos otro crédito de 30.000 euros de la Agencia Idea, no subvención sino crédito. Pero yo no quiero que la administración me apoye sino que tome conciencia de una realidad: en las playas hay muchas horas en las que no hay a quién llamar si alguien se ahoga y eso causa muchas muertes. Los policías llegan los primeros y a veces se tiran al agua por responsabilidad y vocación de servicio, pero no tendrían por qué. Y al hacerlo sin preparación, a veces son ellos los que mueren. ¿Qué echa de menos entonces a la hora de emprender? Es el empresario el que tiene que idear fórmulas. Involucrando a más gente y compartiendo con otras empresas parece que salen mejor las cosas, nosotros hemos reunido un equipo multidisciplinar enorme en torno a este producto. También es fruto de la madurez y la experiencia, a lo mejor con 20 años hubiéramos querido hacerlo solos y nos hubiéramos estrellado. Esas cosas las ves con el tiempo. Por eso creo que los emprendedores deberían empezar a montar empresas con 40 años.

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