Economía

Los empresarios arremeten contra la administración y le piden agilidad

Menos burocracia, seguridad jurídica, flexibilidad laboral y, sobre todo, que cumpla su compromiso de pago centran el debate en la convención empresarial auspiciada por la CEA.

el 30 jun 2011 / 20:43 h.

En primer término, Manuel García-Izquierdo (CECA), Santiago Herrero (CEA), Juan Rosell (CEOE), Pedro Barato (Asaja) y David Alva (AJE), ayer en el transcurso de la convención en Fibes.

No pretendía convertirse en una demostración de fuerza contra nadie -léase contra la Junta de Andalucía-. Insistió en ello el presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero, pero la administración pública, en todas sus escalas territoriales, se erigió en la gran protagonista de la convención empresarial auspiciada por la CEA, de la que no salió precisamente bien parada.

Los mensajes lanzados en Fibes y que fueron recibidos -y muy aplaudidos- por unos 3.500 empresarios llegados de todas las provincias andaluzas y de otros puntos de España centraron sus críticas en la administración, a la que reclamaron que "deje de poner obstáculos" a la empresa, la única capaz de generar empleo y riqueza, defendieron. Por ello, reivindicaron que se convierta en el "eje" de sus políticas.

"El empleo no llegará de las administraciones, con más funcionarios, sino de las decisiones individuales de las empresas", apostilló Juan Rosell, presidente de la CEOE, y encargado de clausurar el cónclave empresarial.

En su primera visita a Andalucía tras su nombramiento al frente de la patronal, Rosell instó a los políticos "a hacer lo que deban, no en clave electoral, y aunque conlleve la pérdida de votos a corto plazo; hacen falta reformas con mayúsculas para ganar competitividad", aseveró.

Aludía así a la posibilidad de un adelanto electoral."Lo que importa es que se hagan las reformas; quién y cómo no es tan importante". Coincidía con él su homólogo en Andalucía, Santiago Herrero, que incidió en que "no se puede paralizar la actividad económica ante las expectativas de una convocatoria de elecciones a nivel nacional o andaluz".

Siete fueron los sectores que tomaron la palabra. Y muchos los puntos coincidentes de sus reivindicaciones: seguridad jurídica, simplificación en los procedimientos administrativos, menos vaivén en los cambios normativos para no ahuyentar las inversiones, flexibilidad en las relaciones laborales, mecanismos que faciliten el crédito y la liquidez, evitar las duplicidades de gestión entre administraciones, pero sobre todo, el cumplimiento de la ley de morosidad, puesto que son las administraciones, lejos de dar ejemplo, las primeras que fallan a los compromisos de pago asfixiando así a muchas empresas, reseñaron.

Turismo y construcción reivindicaron su papel como motores económicos en el debate sobre el cambio del modelo productivo. Mucho se habla sobre ello, dijo José Manuel Ledesma, presidente de la Federación de Hostelería, "pero no vislumbramos ningún cambio. El turismo es y debe ser el principal activo económico de Andalucía", espetó. Crecer en dimensión y productividad, luchar contra la competencia desleal y asegurar normativas que faciliten invertir en proyectos como campos de golf fueron los puntos que destacó.

"Soy un empresario del ladrillo y me siento orgulloso de ello". Declaración de intenciones de José Prado, presidente de la Asociación de Constructores y Promotores de Málaga. "Hoy el ladrillo está agonizando y alzamos la voz ante la falta de soluciones reales y para pedir cambios estructurales independientemente de quién los haga".

"No deseamos plantear enfrentamientos entre sectores tradicionales y emergentes, pero esos cambios no se improvisan ni se consiguen por decreto", apostilló. Más crédito y una reducción del gasto público orientado hacia inversión productiva, junto al rechazo a la paralización de la obra pública centraron sus tesis.

Del sector del metal llegó la intervención más dura. Julián Gómez, miembro del comité ejecutivo de Fedeme, reclamó atención para los polígonos industriales, infraestructuras "sin arquitectos ni ingenieros de renombre y con un coste justo", un único contrato con indemnizaciones progresivas -"la reforma laboral cabe en un folio"- y una actuación dura contra el absentismo, al tiempo que lamentó que que se compre "el silencio en empresas como Delphi o Santana".

No es tiempo de lamentos, se oyó decir, sino de mirar al futuro. Fue la línea escogida por Álvaro Guillén, vicepresidente de Lándaluz, que marcó el camino hacia la innovación y la internacionalización, a poner en valor las marcas y reservar un sitio estratégico a la agroalimentación. "Hay que invertir la tendencia en la comercialización de graneles, con su pérdida de valor añadido".

También lo hizo Adolfo Borrero, presidente de Eticom, que presentó al sector TIC como un aliado de las pymes de todos los sectores, donde hallar cómo mejorar la competitividad y a las que animó a agruparse y colaborar.

Pedro Barato, presidente de Asaja, instó a separar la economía de la política: "No queremos dependencia, sino legislación", y recriminó a la Junta su tardanza en reaccionar a la crisis del pepino.

Cómo ha afectado la crisis a los autónomos, el papel de las empresarias, la necesidad de despertar la conciencia emprendedora -alegato de David Alva, presidente de la AJE- y la situación del comercio se hicieron visibles.

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