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Los errores de la Justicia Una ciega que además hace la vista gorda

El hecho de que durante las últimas semanas se hayan producido sonadas detenciones en el ámbito municipal, debiera llamar la atención sobre dos extremos: que la Justicia funciona a pesar de que algunos de sus responsables se empeñen en lo contrario y que es posible que el crimen de cuello blanco no siempre escape de rositas.

el 15 sep 2009 / 02:47 h.

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El hecho de que durante las últimas semanas se hayan producido sonadas detenciones en el ámbito municipal, debiera llamar la atención sobre dos extremos: que la Justicia funciona a pesar de que algunos de sus responsables se empeñen en lo contrario y que es posible que el crimen de cuello blanco no siempre escape de rositas.

En vísperas de que la superioridad competente estudie cómo actuar ante las negligencias que ha puesto al descubierto el caso de Mari Luz, las redadas de alcaldes, tenientes y derivados de los últimos días, al menos han puesto sordina al sonrojo que causa el auto por el que se permite la libertad bajo fianza de José Antonio Roca, el mago del urbanismo marbellí. Que para evitar las tentaciones de fuga no se le permita, por ejemplo, que se acerque a 500 metros de un aeropuerto es de por sí una medida rigurosa porque probablemente la justicia sepa que se marea en los barcos y que nunca se le ocurriría entrar a pie o en coche a Gibraltar.

Durante años, la lentitud del aparato justiciero y quizá el clientelismo y los torpes sistemas de financiación de los partidos políticos hicieron prosperar el albur de que cualquier munícipe podría hacer y deshacer a su antojo dentro del término que le tocase gobernar. De no ser así, no se explica cómo uno de los acusados en esta considerable pesca de marrajos, llegase a construir un millar de viviendas sobre suelo rústico. ¿Quizá pensaba que además de ciega la Justicia era idiota?

Tal vez lo que pensaba, como quizá piensen algunos ciudadanos aún, es que hay representantes del aparato de la Justicia que no suelen ser justiciables, aunque legalmente lo sean. Bajo las togas, hay seres humanos. Y, por lo tanto, pueden protagonizar actos de dejación como que no se hubiera ejecutado la condena sobre el raptor de Mari Luz o que un ciudadano se chupara más de 400 días extras de trena por no haberse ejecutado su obligada liberación.

En ambos casos, todo parece indicar que son errores humanos. Graves, pero simples errores. No parece que ese sea el móvil de otro presunto delito de cuello blanco: el que permite que sonoros casos de corrupción delatados desde antiguo a través del papel prensa tarden en convertirse en carne de legajo sumarial. No es lo mismo, siendo escalofriante, que no pite el ordenador para trincar a un psicópata que, a río revuelto ganancia de corruptores, se extravíen pruebas que podrían inculpar a un trincón. Ahí, quizá no estemos ante falta de recursos humanos o técnicos. Quizá, por usar un simple eufemismo, estemos hablando de falta de ganas. Una cosa es que sea ciega. Pero otra bien distinta, que la Justicia haga la vista gorda.

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