Cofradías

Los 'espejitos' vencen a la llovizna

El frente anunciado desde Portugal cogió a la cofradía saliendo, pero no la descompuso.

el 29 mar 2013 / 01:14 h.

Hermandad del Valle. / J. M. Paisano (Atese) Hermandad del Valle. / J. M. Paisano (Atese) Poco antes de que la hermandad del Valle comenzase su estación de penitencia, Meteorología dio el aviso que hizo encogerse a los cofrades: un frente de lluvia llegado de Portugal amenazaba con descargar en Sevilla, y rachas de viento frío, como de lluvia, parecían corroborar la amenaza. Aun así, y pese a que el día ya acumulaba retraso, la cruz de guía se puso en la calle a su hora y un cuarto de hora después el misterio de la coronación de espinas, conocido como el de los espejitos por los cristales que adornan la canastilla, iniciaba el recorrido desde la iglesia de la Anunciación. El paso de misterio, que se presentaba renovado tras haber sido restaurado este año, lucía un monte de claveles rojos tan oscuros que en cuanto empezó a irse la luz las flores parecían ser de color negro. No sólo estaban repletos los alrededores del templo: las gradas de las setas, que tan polivalentes están demostrando ser, se habían convertido en balcón privilegiado desde el que apreciar la salida de la hermandad, cuyo paño de la Verónica ha realizado este año la pintora Carmen Laffón. El paso de Jesús con la cruz al hombro, adornado con el monte de flores silvestres que lo hace característico, se dejó ver mientras la banda de Tejera, que permanecía situada en un lateral de la puerta, seguía interpretando marchas. Aunque en ese momento el viento frío dejó paso a la temida y anunciada llovizna, que llegó a apretar durante unos minutos, provocando que los nazarenos que estaban fuera aceleraran el paso y que el palio se quedara rezagado detrás, como pensándoselo. Sin embargo, las gotas cesaron pronto y el palio de la Virgen del Valle, con sus características jarras de claveles rosas en forma bicónica, salió airoso –los bordados del techo también restaurados–, meciéndose al son de la popular marcha que lleva su nombre, y sin que la cofradía llegara a descomponerse pese a la llovizna.

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