Local

Los exámenes de septiembre

Ayer comenzaron sus vacaciones gran parte de los españoles, y el país se ha sumido en la habitual calma chicha del mes de agosto. Cierto es que este año, muchos de los que han empezado su descanso anual se van a quedar en sus casas, o van a recortar sensiblemente sus viajes o estancias playeras...

el 15 sep 2009 / 09:03 h.

Ayer comenzaron sus vacaciones gran parte de los españoles, y el país se ha sumido en la habitual calma chicha del mes de agosto. Cierto es que este año, muchos de los que han empezado su descanso anual se van a quedar en sus casas, o van a recortar sensiblemente sus viajes o estancias playeras, porque la crisis se nota, para muchos, en una obligada contención del gasto, porque el bolsillo no les da para ningún tipo de alegría y para otros en una prudente actitud de ahorro por lo que pueda venir, que se prevé bastante peor.

Hay un ambiente pesimista porque, por muy pocos conocimientos que se tengan para hacer un análisis de la situación económica, lo que todo el mundo entiende son las dificultades para llegar a fin de mes y el miedo a ese incremento del paro, que se da como seguro y, de hecho ya lo es.

Menos mal que todavía se puede hablar, con alegría y orgullo patrio, de nuestros triunfos deportivos, a cargo de la selección española de fútbol con su flamante copa de Europa, o las victorias incontables de Rafa Nadal, o el maillot amarillo de Sastre en el tour de Francia. Y todavía nos quedan los juegos olímpicos que seguramente nos darán más de una satisfacción.

Pero aparte de estos logros deportivos, que para lo más que sirven al común de los españoles es para olvidarse un ratito de las dificultades del día a día, el panorama es más bien triste. El pesimismo se está extendiendo entre grandes capas de la población, a pesar de los incesantes mensajes tranquilizadores - la verdad es que, en muchos casos contradictorios y, en general, con poco realismo - que continuamente lanzan los que tienen la responsabilidad de gobernar.

Y gran parte de la inutilidad de estos mensajes, la tiene el hecho de que se haya tardado tanto en reconocer, no ya la profundidad de la crisis, sino su propia existencia. Esta pertinaz resistencia ha originado que el sprint hecho por el gobierno, para pasar de la no crisis a la casi recesión, haya desconcertado al ciudadano y lo haya convertido en inmune a los discursos optimistas.

Por eso, durante este mes de agosto, cuando el personal está relativamente tranquilo, una de las preocupaciones urgentes de nuestros gobernantes tendría que ser la definición de un plan de choque enérgico, realista y bien explicado, que le permita al ciudadano saber lo que está pasando, lo que puede pasar, y lo que se va a hacer para, de momento mitigar, y después para resolver, las consecuencias de esta crisis. Porque la situación se va a sufrir con más intensidad a partir de septiembre y, por supuesto va a ser mucho más aireada a partir del momento en que se reabra el curso político.

Es decir, que quienes, por inexplicable optimismo o desconocimiento, han suspendido los exámenes de junio, tienen la obligación, durante el mes de agosto, de preparar los exámenes de septiembre.

Periodista juan.ojeda@hotmail.es

  • 1