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Los familiares relatan entre lágrimas el engaño en las identificaciones del Yak-42

Familiares de los militares fallecidos en el accidente aéreo del Yak-42 han relatado hoy, entre lágrimas y sollozos, el dolor vivido al recibir los restos equivocados de sus parientes y han denunciado que sufrieron "engaños" y "maltrato psicológico" de los entonces responsables del Ministerio de Defensa.

el 16 sep 2009 / 00:29 h.

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Familiares de los militares fallecidos en el accidente aéreo del Yak-42 han relatado hoy, entre lágrimas y sollozos, el dolor vivido al recibir los restos equivocados de sus parientes y han denunciado que sufrieron "engaños" y "maltrato psicológico" de los entonces responsables del Ministerio de Defensa.

Familiares de los 62 militares muertos han testificado en el juicio de la Audiencia Nacional contra tres altos mandos militares que supuestamente identificaron erróneamente 30 de los 62 cadáveres de los soldados muertos en el accidente del Yak-42, ocurrido en Trebisonda (Turquía) el 26 de mayo de 2003.

Teresa Jiménez, esposa del brigada fallecido Juan Carlos Jiménez, ha relatado que recibió la noticia de la muerte de su marido el mismo día del accidente y que entonces les dijeron que "todos los cuerpos están recuperados".

Ha señalado que el 27 de mayo les informaron de que al día siguiente se celebraría el funeral de Estado y eso les hizo empezar a dudar de que los cuerpos habían sido identificados.

En día del funeral, el 28 de mayo, les entregaron "el ataúd cerrado" y el entierro se celebró al día siguiente, según Teresa, quien ha explicado que en verano se puso en contacto con el Ministerio de Defensa sobre la identificación de su marido: "Nos respondieron que estuviera tranquila: Juan Carlos ha sido bien identificado", ha dicho.

Sin embargo, el 1 de septiembre de 2004 le llegó la comunicación formal del error en la identificación de su marido y en noviembre obtuvieron sus cenizas, que volvieron a enterrar.

Amparo Gil, madre del sargento fallecido Francisco Cardona, ha dicho que su muerte fue "una sensación horrible" y que no les dieron "ninguna explicación sobre el accidente".

Ha confesado que le negaron su petición de abrir el féretro el día del funeral. "Quería ver a mi hijo, ya que me dijeron que estaba en buen estado".

"Dudé desde el principio de que me hubieran entregado los restos de mi hijo. Mi corazón sabía que no teníamos a mi hijo", ha declarado Amparo entre lágrimas.

"Al viajar con el equipo del fútbol del Villareal a Turquía y conseguir varios objetos personales de soldados fallecidos nos convenció que los restos enterrados no eran los de mi hijo", ha añadido.

Carlos Perla, hermano del comandante Perla, ha declarado que en el funeral no solicitó abrir el ataúd de su hermano porque en ese momento no tenía dudas sobre la identificación.

Ha confesado que las dudas comenzaron por un certificado de autopsia que especificaba quemaduras en el 25 por ciento, y "la certeza del error" se concretó al obtener objetos personales recogidos en el viaje a lugar del siniestro con el Villareal.

"Todos los familiares de los militares fallecidos hemos tenido que pagar un alto precio, pero aún más los que recibimos los restos equivocados", ha precisado Carlos Perla.

Al igual que el resto de familiares, Carlos Perla ha afirmado que al recibir el féretro le entregaron un documento y posteriormente les llegó el certificado de defunción.

Alfonso Agulló, hermano del cabo primero Vicente Agulló, ha subrayado que la errónea identificación le llegó cuando le comunicaron el 27 de mayo de 2003 que el funeral de Estado se iba a celebrar el 28 de mayo.

Ha asegurado que "nunca" recibió contestación a las cartas remitidas a Defensa pidiendo información sobre la identificación de su hermano.

Agulló, ex presidente de la Asociación de familiares de víctimas del Yak, ha añadido que las familias también han sufrido al tener que someterse a distintas pruebas de ADN para cotejarlas con los restos del fallecido y así verificarlo.

A preguntas del teniente fiscal, Fernando Burgos, Alfonso Agulló ha declarado que no tuvieron "nunca" certificado de defunción, un documento necesario para el enterramiento pero que en su caso no se le fue requerido.

José Antonio Alarcón, hermano del sargento primero fallecido Francisco Alarcón, ha denunciado que exigió el mismo día del funeral pruebas de ADN y abrir el ataúd para tener la certeza de su identidad.

Asimismo ha indicado que pidió las muestras de ADN que acreditaran la identidad de su hermano, porque "todo se había hecho demasiado rápido".

Ha recalcado que solicitó en varias ocasiones al general Vicente Navarro, principal acusado, documentación sobre la identificación de su hermano, cuyos restos (con el número 1) habían sido intercambiados con el cadáver de otro militar fallecido (el número 35).

Alarcón ha indicado que desde el Ministerio de Defensa le respondieron que estaba siendo "manipulado por la prensa y que las identificaciones erróneas era una patraña ante las elecciones", y ha añadido que se sintió presionado "para no hablar con la prensa".

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