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Los fármacos antienvejecimiento no sirven e incluso pueden afectar a la salud

Ninguno de los fármacos que hay en el mercado es capaz de frenar el envejecimiento, ni siquiera los famosos antioxidantes o la hormona del crecimiento, e incluso pueden ser nocivos para la salud.

el 15 sep 2009 / 16:58 h.

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Ninguno de los fármacos que hay en el mercado es capaz de frenar el envejecimiento, ni siquiera los famosos antioxidantes o la hormona del crecimiento, e incluso pueden ser nocivos para la salud, según un ensayo del científico Salvador Macip, que repasa las últimas investigaciones en este área.

En su estudio "Inmortales, sanos y perfectos" (editada en castellano por Destino y en catalán por Edicions 62) Macip aborda, entre otro asuntos, la lucha que el hombre ha mantenido para encontrar la "inmortalidad" o al menos la máxima longevidad, en un combate contra el envejecimiento desde la ciencia.

Desde hace siglos se persigue alguna sustancia que frene el envejecimiento, objetivo que ha sido el germen de una "industria gigantesca montada entorno de productos y estrategias que nos aseguran que podremos vivir más tiempo" y que moverá, sólo en EEUU, 50.000 millones de dólares, sin haber demostrado su eficacia.

Macip (Blanes, 1970), médico especializado en genética molecular tras nueve años investigando el envejecimiento celular en el Departamento de Ciencias Oncológicas del Hospital Mount Sinai de Nueva York, señala que cualquier artículo en una revista científica sobre algún asunto -como los antioxidantes o las hormonas del crecimiento- es utilizado luego por algunas empresas para vender sus productos.

Internet se ha convertido en un medio habitual para la promoción de estas panaceas contra el envejecimiento -antioxidantes, hormonas o derivados de vitaminas- que no sólo no tienen ninguna eficacia contrastada sino que pueden ser peligrosos para la salud.

El uso de antioxidantes en la dieta ha sido puesto en duda desde hace años e incluso hay estudios que reflejan que existe una relación entre ellos y el incremento de ciertos cánceres, como el de próstata, pero, a pesar de estas "evidencias científicas", un tercio de los adultos de los países desarrollados los siguen consumiendo.

La hormona de crecimiento (HGH) -que el organismo segrega sobre todo en la infancia y pubertad- combate la pérdida de masa muscular -por lo que es usada por muchos deportistas o actores- y aunque no ha mostrado su utilidad en la batalla contra la edad tiene a su alrededor una "industria en marcha" que parece obviar los efectos secundarios: diabetes, hipertensión o cáncer.

También la llamada "medicina regenerativa antienvejecimiento" es criticada por los investigadores, que afirman que estos tratamientos "antiaging" no se basan en ningún fundamento científico, lo que no ha impedido su éxito.

Hasta el momento sólo algunas investigaciones contrastadas en animales permiten hablar de cierto posible control del envejecimiento, como la regulación de las proteínas relacionadas con la insulina, o la restricción calórica de las comidas ingeridas, una vía, no obstante, "poco práctica y peligrosa", por lo que se están buscando fármacos que produzcan los mismos efectos.

Macip alerta de que en EEUU ya hay grupos "que se la juegan" y practican la restricción calórica en hasta en un 60%.

La esperanza de vida media en el planeta ronda los 75 años gracias a la alimentación o la mejora sanitaria -que ha vencido a los "depredadores microscópicos"- y ha permitido que muchos humanos estén viviendo ahora al límite biológico al lograr "morir de viejos" y "no de ninguna enfermedad".

Sin embargo, indica Macip, aunque los avances sanitarios permiten estirar un poco más la esperanza de vida -venciendo enfermedades hasta ahora incurables- los cuerpos siguen degenerándose.

Ante este punto, hay opiniones enfrentadas: los que opinan que la evolución no ha preparado el cuerpo humano para resistir más de un cierto tiempo y los que creen que si la ciencia logra combatir las enfermedades la longevidad del hombre no tendrá límite.

A lo largo de la historia hay casos sorprendentes, como el de la francesa Jeanne Calment, que murió en 1997 a los 122 años, un ejemplo que según Macip refleja que una combinación de factores genéticos y ambientales (entorno, el tabaco, la alimentación...) facilita una longevidad natural.

La teoría de la oxidación de las células que afecta al ADN es una de las más utilizadas para explicar el envejecimiento y por ello es una de las vías que siguen los expertos en biogerontología, así como la investigación sobre las células senescentes (envejecidas) con las que el propio organismo combate el cáncer, pero que a su vez provoca la degeneración del cuerpo.

Macip concluye que, aunque lograr mecanismos para reducir el envejecimiento o sus "síntomas" no es un objetivo imposible, o que científicos como Lenny Guarante pronostican que la raza humana podrá aumentar el límite máximo de su edad en un 50%, como se observa en algunas especies de laboratorio, habrá que esperar unos años para ver si todas esas predicciones acaban siendo ciertas.

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