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Los habitantes de Gori se recomponen de los bombardeos

Mientras Georgia rompe las relaciones diplomáticas con Rusia, la población de Gori, ciudad estratégica situada a 70 kilómetros al noroeste de Tiflis y la más afectada por los bombardeos rusos debido a su proximidad geográfica con Tsjinvali, intenta que cicatricen las heridas de la guerra.

el 15 sep 2009 / 10:57 h.

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Mientras Georgia rompe las relaciones diplomáticas con Rusia, la población de Gori, ciudad estratégica situada a 70 kilómetros al noroeste de Tiflis y la más afectada por los bombardeos rusos debido a su proximidad geográfica con Tsjinvali, intenta que cicatricen las heridas de la guerra.

La patria chica del dictador soviético Yosif Stalin se encuentra a escasos 26 kilómetros de Tsjinvali, capital de la región separatista georgiana de Osetia del Sur. Stalin, quien levantó un gran imperio, difícilmente podía imaginar que 55 años después de su muerte aviones rusos iban a bombardear la ciudad que le vio nacer en 1879. En el edificio que acoge el Museo Estatal de Stalin en la avenida que lleva su nombre, las ventanas continúan rotas tras los bombardeos. El museo permanecerá cerrado hasta el 8 de septiembre, mientras siga vigente el estado de guerra.

Los objetos personales del líder soviético -la pipa, el capote, la maquinilla de afeitar, las botas y otras piezas- fueron trasladadas a Tiflis por motivos de seguridad. "Stalin también se encuentra en estado de guerra", dijo con tristeza a Efe el guardia del museo. A sólo unos cientos de metros del museo, la calle que lleva el nombre del legendario bailarín georgiano Iliko Sujishvili quedó destrozada por los bombardeos y varios edificios de cinco plantas fueron pasto de las llamas.

Bajo sus escombros todavía permanece gente sepultada y nadie sabe decir a ciencia cierta cuál es la cifra de muertos.

"Tan sólo en mi portal murieron tres personas, dos mujeres y un hombre. Cuando comenzaron a caer las bombas, cargué en brazos a mi hijo Sabu, de un año, y eché a correr. Nosotros tuvimos más suerte", explica Zviad Shiukashvili, de 40 años. Los vecinos de esos edificios pasan la mayor parte del tiempo en casa de sus familiares, intentando sacar de sus apartamentos todo lo que aún puedan rescatar, mientras las autoridades de Gori prometen reconstruir sus viviendas.

"No creo a las autoridades. No nos llegó nada de la ayuda humanitaria. Nuestro piso se quemó. Somos cinco y tenemos que dormir en el garaje. se lamenta Gulnara Mamistvalova", de 50 años.

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