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Deportes

Los héroes de Les Corts

el 18 may 2010 / 15:41 h.

Les Corts era el símbolo de la Barcelona moderna en los años 40. Y fue en aquella mole de piedra y ladrillo donde el Sevilla escribió la leyenda más hermosa de su historia. El conjunto de Ramón Encinas se proclamó campeón de Liga tras igualar ante el FC Barcelona el 31 de marzo de 1946, gracias a un gol de Araujo y a la sobriedad defensiva que exhibió.

La ciudad multiplicó los decibelios de sus calles y los aficionados blanquirrojos caminaron hacia Nervión para celebrar el mayor logro deportivo que jamás habían narrado las páginas de El Correo de Andalucía, testigo directo de la efeméride y que tituló, con el seudónimo de Kriterion, "El Sevilla, campeón de Liga". El gallego Ramón Encinas (Pontevedra, 1893), protagonizó un ejercicio impoluto en 1946. Dirigió a un grupo que sólo cedió cuatro derrotas y que fue capaz de sobrevivir al ambiente que imperó aquella tarde mágica en Les Corts.

Una de las revelaciones de aquella plantilla fue, sin duda, el jovencísimo guardameta Busto. Con 22 años y procedente del modestísimo Barakaldo, el arquero fue un pilar básico en los planes de Moncho Encinas, que curiosamente había relevado a O'Connell, campeón de Liga en 1935 con el eterno rival, el entonces Betis Balompié. Vicente Loren, periodista de El Correo Catalán y autor de la crónica en las páginas de El Correo de Andalucía, relató que tras el final decretado por Pedro Escartín "el entusiasmo de los seguidores y jugadores andaluces es extraordinario.

Todos los abrazos forman una cadena y sin poder evitar esa emoción y alegría abandonan el terreno de juego, con Ramón Encinas sostenido por los jugadores y con lágrimas en los ojos" (sic). La fiesta en el vestuario, con el presidente de la entidad, Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, erigido en anfitrión es total. Araujo, autor del histórico gol que supuso la consecución del título de Liga, fue manteado por Bonache y Ovidio, según narraron las páginas de La Vanguardia. Sin duda, el éxito adquirió una relevancia sobresaliente por el proceso de transformación que experimentó el Sevilla en el estío de 1945. La secretaría técnica debió asumir las ausencias del mediocentro Andrés Mateo, que contrajo una grave enfermedad y se retiró del fútbol, los stukas Pepillo y Raimundo, y los traspasados Paquirrini, Soler y Bilbao.

Las conversaciones para diseñar un plantel de garantías fueron sucediéndose durante los meses previos al inicio de la Liga, aunque el objetivo no era pelear por el título. Sin embargo, la propia dinámica de la competición presagió un desenlace brillante desde la inauguración. El Sevilla de Encinas conquistó el liderato en la jornada 6 -Español-Sevilla 1-1- y, ya en la 5, había propiciado la rendición del Real Madrid -2-1 en Nervión el 14 de octubre de 1945-.

El delantero carolinense Araujo, asociado a la magia de Campos y Arza y que recaló en el club tras cumplir un año de cesión en el Xerez Deportivo, fue uno de los principales culpables de un éxito que se incubó el 24 de marzo, día en el que el once blanquirrojo goleó al Oviedo en su feudo (3-0) y asaltó el liderato, hasta entonces propiedad del FC Barcelona.

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