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Los hilos que mueven la Feria

Si de algo sabe el homo hispalensis es de cambiar de tercio en apenas dos semanas, dependiendo del año. Los capirotes, la cera de las calles y las túnicas, por el sombrero de ala ancha, el traje de gitana y el albero.

el 15 sep 2009 / 02:48 h.

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Si de algo sabe el homo hispalensis es de cambiar de tercio en apenas dos semanas, dependiendo del año. Los capirotes, la cera de las calles y las túnicas, por el sombrero de ala ancha, el traje de gitana y el albero casi imperceptible hasta que se llega a casa y se quita uno los zapatos.

¡Pasen y vean! O mejor: ¡beban y bailen! 1.100 casetas conformarán la estructura de un recinto ferial que cada año demanda más espacio, más infraestructura y más casetas y, puestos a elegir, que las que se hagan nuevas sean de titularidad pública.

Pero antes de que las fiestas de Navidad engalanen la ciudad, a seis meses vista, el terreno que acoge la Feria -desolado hasta entonces-, empieza a ser colonizado por plantillas de operarios que se irán multiplicando poco a poco.

Dos son sus funciones principales hasta escasas horas del inicio de la fiesta: la instalación eléctrica del alumbrado y la colocación de las estructuras compuestas por tubos de hierro para las casetas, que hasta el lunes del pescaíto por la mañana, trabajarán a contrarreloj. El encargo se tiene que terminar cualesquiera que sean los problemas que se presenten: meteorológicos (los más comunes) o humanos.

La Feria de Abril es la ciudad efímera más grande de España y que funciona a pleno rendimiento durante siete días. Aunque cada vez se alarga más con el fin de semana de preferia. Pero el material humano necesario para levantarla debe ser además de eficaz, experto. Es entonces cuando una amalgama de pintores, carpinteros, cocineros, electricistas y soldadores, entre otros, revisten las casetas. Las hay que prefieren contratar a un especialista para que decore las paredes y el techo.

También están las que hacen del momento de colocar los farolillos y dar una mano de pintura, una convivencia familiar. Sea como fuere, los que trabajan en el previo y en el directo de la semana de Feria saben que las horas de sueño se reducen a tres o cuatro en el mejor de los casos, que la recompensa económica suaviza el cansancio, pero además les una cosa: el virus del feriante. Sus caras a menudo pasan desapercibidas pero ellos son los que consiguen que esta ciudad salga adelante.

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