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Los inicios de Miyazaki

el 07 may 2010 / 16:13 h.

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Padre de una forma de ver el animé que muy pocos compatriotas suyos han sabido cultivar (y ninguno ha igualado salvo Otomo) Hayao Miyazaki y Ghibli son dos nombres fundamentales a la hora de entender parte de la historia del cine de animación. Con Nausicaa, el único filme del nipón basado en un manga pre-existente (y de autoría propia), Miyazaki daba el pistoletazo de salida a una fructífera carrera en la que cada nuevo filme ha demostrado ser capaz de conjugar la tradición iconográfica del país del sol naciente con un carácter comercial que los ha hecho terriblemente atractivos para el público de occidente.


En Nausicaa, Miyazaki nos lleva a un futuro lejano, 1.000 años después de una guerra catastrófica que provocó un mundo post-apocalíptico, en el que la Tierra está cubierta por bosques llenos de hongos venenosos e insectos gigantescos. Los humanos han quedado reducidos a unos pocos pueblos aislados que intentan sobrevivir a duras penas a orillas de dicho bosque contaminado con gases tóxicos e insectos mutantes gigantes. En este mundo, el Valle de Viento es un reinado minúsculo, rodeado de reinos más poderosos y hostiles y Nausicaa es su princesa, la única hija del rey.

Gran piloto y guerrera, Nausicaa es también compasiva y solícita de toda vida, y por ello trata de encontrar un sentido al bosque contaminado y se resiste a ver a los insectos como enemigos, sobre todo a los Ohms, artrópodos gigantescos y temibles con los que tiene una extraña simpatía. La crisis estalla cuando el reino vecino de Tolmekia, al mando de la princesa Kushana, invade el pueblo e intenta revivir a un mortífero Dios de la guerra, de los tiempos de la gran guerra, para triunfar contra sus enemigos y contra el bosque contaminado.

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