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Los intereses de España en Venezuela

Más allá de las reservas sobre los modos y gestos más que discutibles que dibujan el perfil público de Hugo Chávez, su visita de ayer a España hay que definirla como lo que es: el viaje institucional del presidente de una república democrática...

el 16 sep 2009 / 08:33 h.

Más allá de las reservas sobre los modos y gestos más que discutibles que dibujan el perfil público de Hugo Chávez, su visita de ayer a España hay que definirla como lo que es: el viaje institucional del presidente de una república democrática con la que España debe seguir manteniendo unas relaciones marcadas por la cordialidad. Ya quedó atrás el agrietamiento de las relaciones suscitado por el incidente acontecido en la Cumbre Iberoamericana de noviembre de 2007 en Chile, cuando el Rey de España, Don Juan Carlos, le soltó al dirigente bolivariano el famoso "¿Por qué no te callas?" en respuesta a los insultos de Chávez al ex presidente Aznar. El incidente ya es historia. España y Venezuela son dos países cuya relación de amistad viene de antaño y razones de todo tipo aconsejan incluso una mayor intensificación de los contactos entre ambos. A España le interesa seguir manteniendo un papel de centralidad en la política latinoamericana. Y no sólo para la administración de la herencia de nuestro pasado común. La explicación es más simple. Numerosas empresas españolas destinan cuantiosas inversiones a proyectos implantados en este continente. En el caso de Venezuela, el montante de lo invertido asciende a los 8.000 millones de euros y puede ser aún mayor gracias a proyectos como el de Repsol YPF. El deber del Gobierno español y el de la misma Corona es el de fomentar un clima idóneo para que nuestros compatriotas puedan desarrollar allí sus negocios en las mejores condiciones. Y para eso hay que procurar mantener un clima de entendimiento institucional que ayude a fortalecer nuestras posiciones en este país y garantice a nuestras empresas un buen marco de seguridad jurídica. No se trata de que no se pueda denunciar, como es el caso, la deriva autoritaria y los excesos de un dirigente tan peculiar como el venezolano, sino de conciliar una actitud democrática firme con la legítima defensa de los intereses empresariales de los españoles en el extranjero.

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