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Toros

Los mediáticos aún llenan plazas

Padilla cortó una oreja gracias a su entrega. El Fandi brilló en los primeros tercios y El Cordobés enseñó sus irremediables postrimerías (VÍDEO Y FOTOS).

el 10 may 2014 / 23:37 h.

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  • Plaza de la Real Maestranza
  • Ganado: Se lidiaron seis toros de Torrestrella, muy bien presentados y de juego desigual. El blando primero tuvo nobleza; se aplomó por completo el segundo; no tuvo mal aire por el derecho el tercero y no pasó de derrengado el cuarto. El quinto resultó noble y el sexto brindó un interesante pitón izquierdo.
  • Matadores: Manuel Díaz El Cordobés, de aguamarina y oro, silencio en ambos. Juan José Padilla, de corinto y oro, vuelta al ruedo tras leve petición y oreja. David Fandila El Fandi, silencio tras leve petición y ovación.
  • Incidencias: La plaza registró tres cuartos largo de entrada en tarde de calor axfisiante. Se guardó un minuto de silencio por la muerte del subalterno sevillano Antonio Codeseda.
  Juan José Padilla. / J.M.Paisano Juan José Padilla. / J.M.Paisano (FOTOGALERÍA) Ver para creer. No hizo falta frotarse los ojos para constatar que el llamado cartel mediático había logrado el mejor aforo de toda la feria. Y con ancha diferencia. El atractivo puntual que, visto lo visto, mantiene el combo formado por El Cordobés, Padilla y Fandi se sumó al tirón que sigue detentando una fecha que por sí misma logra congregar en la plaza a un público muy particular, de escasa exigencia y tibios conocimientos que va a los toros, con todo el derecho del mundo, a pasar un buen rato. No nos engañemos; así fue siempre en la Fiesta cuando las ferias sumaban escasos espectáculos en las plazas más encopetadas. El público rigorista, habitualmente ruidoso y presuntamente entendido cobró protagonismo -con la compañía silente del verdadero y escaso aficionado- cuando se alargaron ferias y fiestas hasta que el crack inmobiliario dijo aquí paz y después gloria.   Sólo así se pueden explicar algunas actitudes que sorprenden a los habituales. La gente llegó a pedir la oreja para El Fandi por una labor declinante pero después de la negativa presidencial no fueron capaces de sacarle a saludar. También se pidió un trofeo intrascendente después de que Padilla pasaportara al segundo aunque el jerezano sí cortó una oreja a ley del quinto de la tarde para culminar una tarde entregada, sincera y de enorme conexión con el tendido que mantiene vivo su crédito en este tipo de cartel, mucho más acordes con la verdadera personalidad y las auténticas capacidades del torero de Jerez, algo quemado ya en el encabezamiento de ternas más lujosas en las que ha sido usado y requeteusado como cabo gastador.   El Fandi. / Foto: J.M.Paisano El Fandi. / Foto: J.M.Paisano Pero hay que recuperar el hilo natural del festejo para recordar que ese escaso y raro aficionado volvía a asistir paciente y silencioso a esta plaza decadente al reclamo del hierro de Torrestrella. Álvaro Domecq se trajo desde Los Alburejos un serio, variado e imponente encierro que no brindó las mismas excelencias que en años anteriores aunque tampoco estuvo exento de interés. Pero si ese aficionado vivió la corrida pendiente del factor ganadero -que pena de estos toros, con estos carteles- el público sano y jaranero que caracteriza el sábado de farolillos fue a divertirse con sus toreros favoritos.   Pero la sorpresa llegó poco después de romper el paseíllo. Cualquiera que estuviera en el ajo sabía que El Cordobés, a estas alturas del turrón, no iba a dar un pase pero lo que no se podían imaginar es que iba a salir a la plaza envuelto de un deprimente halo de tristeza que certificaba su estado de ruina irreparable. Otra veces nos ha divertido con sus bromas y sus rollos, con las excursiones al Sol, sus cuchufletas y ese aire de buen rollito que mete a la peña en la montera pero no fue así. No se puso ni una vez delante del primero de la tarde, un serísimo castaño albardado de buen fondo y escaso motor que quedó absolutamente inédito. El Cordobés se fue a por la espada sin contemplaciones dejando al personal con un palmo de narices. Eso sí, se agradecio la brevedad. La impresión no mejoró con el cuarto. Manuel Díaz se inhibió por completo en la lidia, que dejó en manos de su banderillero Raúl Caricol. Sin disimular que sólo quería matarlo pronto y como fuera, dibujó sus propias postrimerías. Tempus fugit. El Cordobés. / Foto: J.M.Paisano El Cordobés. / Foto: J.M.Paisano En contraste, las ganas de agradar, la manera de llenar la plaza y la listeza profesional para saber con quién se estaba jugando los cuartos, convirtieron a Padilla en triunfador de la corrida del Sábado de Farolillos. Y poco le faltó para doblar trofeo aunque el fuelle que le faltó al segundo torrestrella era un argumento demasiado endeble para premiar la faena de Padilla, que sí había brillado antes marchándose a portagayola para escenificar una ceñidísima larga cambiada a la que siguió otra larga en las rayas y unos templados delantales. La gente estaba con él y Padilla galleó por la cara antes de poner al toro al caballo. Con los palos en la mano brilló especialmente en un tercer par resuelto al violín antes de brindar la faena a su picador Antonio Montoliú. El trasteo comenzó de rodillas e incluyó muletazos templados antes de que el toro se aplomara por completo. Un pinchazo y una gran estocada dejaron a todo el mundo contento. Pero ya hemos dicho que Padilla sí se ganó a ley la oreja del quinto. Lo hizo templándose por excelentes verónicas y escenificando una lidia añeja en la que volvió a haber galleo, esta vez por rogerinas. Hay que subrayar un par saliendo del estribo pero sobre todo la animosa, alegre y variada faena a la que no le faltaron naturales de muy buen trazo. Padilla conectó con la parroquia y terminó de vender los muebles metiéndose entre los pitones antes de agarrar una estocada algo suelta que terminó de desatar el entusiasmo.   El tercero en discordia era El Fandi, que también va acusando este rol de marine todoterreno en trance de pasar a la reserva. El granadino sí mantiene la frescura para templarse a la verónica -las que recibieron al berrendo sexto fueron excelentes-, brillar en todas las fases de la lidia y seguir sorprendiendo en sus espectaculares segundos tercios pero el manejo de la muleta parece una derrota asumida. El Fandi, que había creado una gran espectáculo en los dos primeros tercios, no fue capaz de aprovechar el aire noble que le ofrecía el tercero de la tarde. Tampoco llegó a creerse la importante embestida que le brindó el sexto por el lado izquierdo. Cosas de la edad.  

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