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Los «misterios» que ocultaba la Virgen de la Encarnación

La restauración de Miñarro a la dolorosa de San Benito revela que la imagen tuvo ojos de cristal, lo que retrasa su ejecución casi un siglo.

el 06 oct 2014 / 22:36 h.

Primeras fotos de la Virgen de la Encarnación tras su restauración distribuídas por la hermandad. / En la imagen de la derecha los parches de suciedad bajo los párpados de la Virgen han desaparecido. / El Correo Primeras fotos de la Virgen de la Encarnación tras su restauración distribuidas por la hermandad. / En la imagen de la derecha los parches de suciedad bajo los párpados de la Virgen han desaparecido. / El Correo A sus sesudos estudios sobre la Sabana Santa de Turín y el Sudario de Oviedo, el profesor Juan Manuel Miñarro acaba de añadir una tercera «pasión» que absorbe en los últimos meses la mayor parte de sus ocupaciones laborales: la de la intensa y compleja investigación científica que ha rodeado la restauración de la Virgen de la Encarnación de la hermandad de San Benito, imagen que hoy será repuesta al culto tras cuatro meses alejada del barrio de la Calzada. «Parece mentira que en tan poca escultura se puedan ocultar tantos datos, tanta historia material y tantos misterios», avisa Miñarro antes de adentrase en más pormenores. Aunque el proceso de investigación que se ha desarrollado en paralelo a la restauración «sigue abierto», el primer hallazgo concluyente que arroja esta intervención es que la antigua Palomita de Triana tuvo originariamente ojos de cristal como lo demuestran los huecos esférico abietos en la mascarilla, una técnica que no se empieza a poner en práctica entre los imagineros hasta el último tercio del siglo XVII. De ahí que, en contra de lo que ha venido manteniendo la historiografía tradicional fechando su ejecución en el primer tercio del XVII, Miñarro retrase ahora su origen a finales de esa misma centuria o principios del XVIII. «Tengo la convicción de que probablemente la imagen sea más dieciochesca que del XVII, aunque es curioso que la cabeza resulte anacrónica con respecto al cuerpo». Mientras el maniquí parece claramente del 17 y está realizado en madera de cedro real, el cuello y la cabeza de la dolorosa son de madera de pino silvestre, comenta el restaurador El origen dela imagen hay que situarlo en un marco cronológico amplio, entre 1625 –año en que en la relación de un inventario interno no consta aún ninguna mención a la dolorosa– y 1762, fecha donde ya se menciona por primera vez la existencia de la Virgen. El estudio y la comparación de distintas fotografías llevan a Miñarro a establecer que la imagen mantuvo los ojos de cristal originarios hasta los años 30 del pasado siglo cuando, «no sabemos si por un modismo o por un accidente», son sustituidos por los actuales de pasta, una intervención para la que su «indocumentado» autor seccionó la mascarilla con un corte de serrucho por la parte superior de la cabeza, rellenando con pasta los huecos y asegurándolos con con clavos de ferretería. Otra evidencia que arroja la restauración, explica Miñarro, es que la titular de San Benito presenta un corte transversal en el cuello (al igual que otras dolorosas sevillanas, como la Virgen del Rosario del Monte-Sión o la del Valle),  una intervención que puede corresponderse con el asiento que consta en un libro de cuentas del año 1819 por el que la hermandad pagó 145 reales de vellón por «retoques a la Señora». Estra trasformación en el cuello de la imagen se realizó para cambiar la inclinación y el movimiento de la cabeza. De esta época puede datar el «trozo o tapón de papel» encontrado durante esta restauración y que sirvió de «relleno en el ensamble del cuello para que la pasta no se saliese». Para datar este papel, Miñarro se ha apoyado en un laboratorio criminalístico documental donde también se han sometido a nálisis las maderas y las estratigrafías pictóricas. Asegura Miñarro que su intervención sobre la Virgen de la Encarnación ha consistido, básicamente, en la «consolidación material» del soporte y la policromía de la imagen. «Había dos capas de encarnadura en el rostro y la que hemos conservado es la última, pero no es la original. Alrededor de los ojos había hasta cuatro capas de repintes». Todos los detalles de la restauración, así como de la «apasionante» investigación científica, histórica y documental desarrollada en paralelo, serán mostrados en una exposición, aún sin fecha, en la que podrán admirarse curiosidades tales como una «recreación del aspecto que tenía la Virgen en su momento de esplendor original, cuando todavía contaba con los ojos de cristal y una distinta inclinación de la cabeza», señala Miñarro. La imagen de la Virgen presidirá esta tarde, a partir de las 20,45 horas, la misa de inicio de curso y seguidamente se expondrá en devoto besamanos junto al Señor de la Sagrada Presentación. El hermano mayor de San Benito, José Luis Maestre, califica de «espectacular» la restauración de Miñarro. «Está restaurada pero mantiene esa pátina del tiempo».

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