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Los niños hacen hermandad en Torreblanca

Los niños cantan y los vecinos -unos de domingo y otros en babuchas- recorren en ambiente festivo las calles del barrio. Pero las cosas de la hermandad son serias y, ante los pasos, silencio

el 16 sep 2009 / 00:56 h.

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"Beben y beben, y vuelven a beber..." canturreaba un coro infantil camino de la parroquia de San Antonio de Padua. Nadie les explicó que el villancico es propio de otro tiempo pero sí, cuando ya se veía el antifaz morado de los nazarenos, que "al llegar, tenemos que estar en silencio".

Y no es que sea una cofradía de cola, ni mucho menos. Pero Torreblanca puede presumir de cofradía seria. En apenas quince años -el 13 de septiembre saldrá en procesión extraordinaria la Virgen de los Dolores con motivo del XV aniversario fundacional-, no sólo ha conquistado a su barrio, sino que ha conseguido que muchos cofrades del Centro se desplacen a este barrio fronterizo para ver salir su hermandad.

Tres bandas de música y mucha chiquillería en sus filas -sólo en el primer tramo de Virgen iban 40 niños, unos en carritos, otros de la mano de sus madres, como en la Borriquita pero con capa y antifaz morado-, pero con mucho "sentimiento, casta y corazón", como arengaba su hermano mayor y capataz, Manuel Rocha, a los costaleros en la salida del misterio de Jesús Cautivo ante Pilatos, que ayer estrenaba sillón.

Y estaban de fiesta y no, la hermandad no es de silencio, pero allí todo el mundo enmudeció para concentrarse en esa salida y después en la mecida que, a ritmo de La soledad del Cautivo y Al tercer día que le tocaba Virgen de los Reyes, le dedicaron sus costaleros.

Ante el misterio, como un rato después ante la Virgen, había una nutrida representación institucional: el cardenal, Nieves Hernández, concejal de Hacienda y delegada del Distrito Alcosa-Torreblanca; medio Consejo de Cofradías, con su vicepresidente a la cabeza, Carlos Bourrelier; y cuatro militares de la Agrupación de Apoyo Logístico número 21 de Torreblanca, que lleva años hermanada con la cofradía. Detrás del paso, una veintena de mujeres de promesa, una vestida de mantilla.

Ante el palio, además, dos estandartes corporativos de otras hermandades de vísperas y sus hermanos mayores: Padre Pío (Miguel Delgado) y el Cristo de la Corona (Alfonso Mateos), que por segundo día consecutivo lucía túnica de ruán morado.

La Virgen de los Dolores ya estaba cerca. Los niños dejaron de pedir estampitas y caramelos y Ana e Isabel María Castañeda, ataviadas de mantilla, cogían posiciones para acompañar a su dolorosa. Son repetidoras en esto de las promesas, y eso que Isabel ya hace años que se fue a vivir a Mairena. Pero "aunque me haya ido, esto es mío"; como de todos los vecinos de Torreblanca.

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