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Los niños niños son en Triana o el Polígono Sur

Sus Majestades abandonan la ciudad tirando balones, camisetas, chubasqueros, altramuces, patatas o picos por los barrios. Una carroza en San Pablo-Santa Justa se queda sin salir al no tener el remolque la ITV pasada

el 06 ene 2013 / 19:28 h.

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"Qué pedazo de carrozas, ¿no?". "Es que son las de ayer [por el sábado]". "Ah, claro". Era uno de los comentarios habituales entre los vecinos de La Oliva, el Tiro de Línea, el Polígono Sur y demás barrios del distrito Sur al paso de un cortejo compuesto casi al completo por carrozas estrenadas en la cabalgata del Ateneo del día anterior (Lipasam, Hansel y Grettel, El bosque animado, Narnia o las de los pajes de los Magos reconvertidas en tronos). La institución ha repartido la mayoría de sus carriolas este año entre los barrios donde, por cierto, han plantado cara a Disney y las grandes productoras de animación.

 

Y es que al frente de la cabalgata del Polígono Sur, caminando delante de la carroza de la Estrella de la Ilusión, iban nada más y nada menos que los mismísimos Mickey, Minnie, Goofy, Pocoyó, Bob Esponja o Dora la Exploradora -que de la mano de Papa Pitufo entró en una cafetería frente al antiguo matadero a por un refrigerio-, mientras en Triana, los juguetes de Toy Story y los coches de Cars protagonizaban algunas de las carriolas del desfile (junto a otras dedicadas al Roscón de Reyes, el Carbón y las prestadas por el Ateneo de la Policía, La vuelta al mundo en 80 días, Yupita, Cenicienta o, como no, el Puente de Triana).

La que se quedó sin salir, para gran disgusto de los 34 pequeños que iban en ella, fue la carroza del Ratoncito Pérez en la cabalgata de San Pablo-Santa Justa. Fuentes municipales explicaron que el remolque encargado de conducirla no había pasado la ITV. Mariló Orgambide, vicepresidenta de la asociación de vecinos Los Granados, se mostró indignada. "No han querido solucionarlo y para los niños ha sido una desolusión tremenda, iban todos llorando", se quejaba. Los pequeños recorrieron a pie la parte del recorrido que discurre por Santa Justa. Al parecer, la carroza sufrió un golpe con un semáforo en el traslado la noche del sábado desde el Rectorado al Pabellón de San Pablo y el policía que levantó el atestado comprobó que no tenía la ITV pasada, aunque el delegado del distrito informó al cortejo de que no podía salir poco antes del inicio de la Cabalgata en la tarde de ayer.

Fue el único incidente. Sevilla Este, un barrio especialmente joven, se volcó con una cabalgata en la que tampoco faltaron Bob Esponja y su amigo Patricio, los Pitufos y hasta un desfile de majorettes, mientras en Pino Montano llamó la atención una carroza dedicada a la hamburguesa.

Nada importó a los niños de los barrios la repetición de carrozas. Da igual donde vivan. El comportamiento de pequeños y adultos al paso de una cabalgata de Reyes Magos ofrece pocas variables sociológicas:manos arriba para pedir a voz en grito caramelos, balones o lo que sea -en Triana llovieron hasta bolsas de altramuces, picos y patatas o camisetas de fútbol y chubasqueros- y cuerpo a tierra a la velocidad del rayo y sin importar la indumentaria para rapiñear tanto botín como sea posible. A algunos frente a la Ronda del Tamarguillo les faltaban manos porque se resistían a soltar el camión que los Reyes habían dejado en su casa (mientras el padre se entretenía dando vueltas a las hélices del helicóptero) y a otras les costó perder el miedo a un caramelazo, como a la pequeña Claudia en el Tiro de Línea, que pasó de llorar cubriéndose las gafas y tirar de su padre para que se marcharan a agacharse corriendo para coger gusanitos y cucuruchos llenos de chucherías.

La Cabalgata del distrito Sur, que salió por la mañana, recordaba a ese anuncio de Donettes en el que un niño abría un paquete y le salían amigos por todas partes. En zonas amplias como la explanada frente a Alcampo o el inicio de la Avenida Ramón y Cajal apenas había gente esperando apostada en las calles pero era empezar a sonar el claxon del remolque que llevaba a la Estrella o escucharse los tambores y platillos de la banda de la asociación Proyecto Fraternitas de la iglesia del Polígono Sur y empezar a salir niños corriendo de cualquier esquina.

"Corre Desi, corre", le decía un padre sudamericano a su hija, a la que llevaba de la mano mientras con la otra cargaba con el monopatín recién estrenado. Saray iba montada sobre las rodillas de su madre, en silla de ruedas, empujadas ambos por el padre a toda velocidad, todos de etnia gitana. Porque eso sí, en el Polígono Sur, tanto el público como el cortejo era toda una mezcla de culturas, fiel reflejo de los vecinos de un distrito con mucha inmigración. Por unas horas, los problemas sociales y económicos que afectan también a muchos vecinos de esta zona quedaron atrás. Pocos niños se veían que no llevaran alguna muñeca, cochecito o cualquier otro obsequio recibido en casa. Y si no, para eso estaban los Reyes pasando por el distrito de vuelta a Oriente repartiendo balones, cromos o pegatinas, además de gominolas. Unos Reyes, además, muy deportivos. "Que bote La Oliva" gritaban los vecinos a Gaspar y su séquito, los chavales del equipo de fútbol del barrio que vestían su chándal y ondeaban su bandera blanquiceleste.

En Triana no hacía falta tocar el claxon. Desde primera hora de la tarde el barrio era un hervor de beduinos saliendo de los portales -algunos rezagados iban incorporándose ya con el cortejo en la calle- y vecinos apostados en el recorrido para despedir a Sus Majestades. Salvo por algún abuelo que compaginaba el cortejo con la moviola radiofónica para no perderse el fútbol - "¿Ha salido Casillas?", le preguntaban-, en el arrabal trianero se vivieron las mismas estampas que en otros rincones de la ciudad. "Pelotas, caramelos", alternaba sus gritos el pequeño Nano, a hombros de su padre. "¡Vaya trianeros!", se quejaba un joven cuando los niños -porque eso sí, en los barrios la mayoría de los que van en las carrozas son niños y pocos adultos salvo los Magos- de las carrozas tiraban pocos dulces... o salados, porque en Triana solo faltó que Baltasar arrojará petisús de esos que hace en su confitería Filella cuando no está repartiendo regalos. Gaspar, la reina maga elegida por sorteo, fue una de las más aclamadas porque pese a los pocos días que ha tenido para entrenarse desplegó todo su ímpetu para lanzar balones, gusanitos o camisetas.

A la Cabalgata de Triana no solo acude todo el barrio -bueno, todos no, a Manuel no hubo quien lo despegara de su helicóptero, según contó a sus familiares la madre al acudir con su hermana Ana- sino muchos exvecinos que se reencuentran ese día.


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