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Cultura

«Los niños no son muy diferentes de los adultos, pueden pensar»

Benjamin Lacombe, toda una estrella de la ilustración, ha pasado por Sevilla con su nueva obra, Madame Butterfly’, que llega después de Caperucita roja, Allan Poe y Víctor Hugo.

el 08 dic 2014 / 11:07 h.

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Sevilla 19 11 2014: Escritor benjamin Lacombe.Foto: J.M.Paisano Lacombe durante su visita a Sevilla. / J.M. Paisano Parisino de 1982, Benjamin Lacombe se ha convertido en uno de los ilustradores más solicitados del mundo editorial, sobre todo a partir de su éxito en Estados Unidos. Recientemente visitó la librería Beta Sierpes para firmar ejemplares de su última obra, Madame Butterfly, recién editada por Edelvives. —En los últimos años, ha salido de Francia una gran cantidad de buenos dibujantes. ¿Qué han hecho bien para generar este boom? —Es difícil de explicar, ¿qué hizo Italia en el Quattrocento para tener a Da Vinci, Rafael, Miguel Ángel…? No sé, pero es cierto que ha salido mucha gente de Francia. Y también de España, y de Italia, ¿eh? Tal vez estemos hablando de un boom mundial. —¿En su país hay buena relación entre ilustradores y dibujantes de cómic, o se miran con recelo? —Depende, no es un mundo perfecto. Pero yo tengo más amigos que vienen del cómic que de la ilustración, y los festivales que prefiero son los del cómic, como Angulema. Son más divertidos. —¿Por qué cambió la viñeta por la ilustración, entonces? —No la dejé del todo, este año por ejemplo saqué Leonard et Salaï… Pero es verdad que el cómic es muy trabajoso, muy de largo plazo, mientras que la ilustración es de realización más rápida y permite también concretar muchas ideas. —Une belleza y delicadeza con oscuridad y sordidez, ¿es el secreto de su éxito? —Mucha gente me lo pregunta, pero creo que es fácil hablar del éxito cuando lo tenemos, analizar, ah, claro, este tiene aceptación por eso, por eso y por eso otro. Pero hay otros autores que hacen casi exactamente lo mismo, y no funciona para ellos… Por otra parte, es curioso que vean la oscuridad como una clave, pues es precisamente lo que me reprochaban en Francia cuando empezaba. Pero he hecho otros trabajos que no son nada oscuros, ¿eh? —En libros dirigidos a un público joven aborda temas poco complacientes, en ocasiones incluso duros. —Es cierto que tengo un público joven, sí, pero siempre he pensado que no son muy diferentes de los adultos. Hablamos en el fondo de cosas que se ven, y el único problema es que hay padres demasiado protectores que no miran con buenos ojos. Los niños pueden hablar y pensar por sí, pueden ver historias tristes, pueden hablar del miedo. —Se atrevió con un peso pesado como Poe. ¿Cómo se afronta un reto como ese con lápices y pinceles? —Prefiero no parafrasear el texto. Ilustro para decir otra cosa, para acompañar el texto y darle valor, pero nunca para reproducir en imágenes lo que se cuenta. —¿Fue más difícil hincarle el diente a otro clásico, como Víctor Hugo? —Sí, pero solo porque son 600 páginas [risas]. Víctor Hugo es además tan mítico, que resultó muy exigente. Sabrás que mis libros no suelen ser encargos, yo he escrito 20 de mis 29 títulos hasta la fecha, pero los americanos me pidieron hacer Nuestra Señora de París, y para un francés es algo irresistible. —Llegamos a Madame Butterfly. ¿Ha trabajado también sobre la música? —No siempre escucho música mientras trabajo, porque es algo como el chocolate, que si comes mucho puedes llegar a odiarlo. Por otro lado, imagínate, si para una imagen que tardo en hacer cinco días tengo que oír el mismo pasaje una y otra vez, me volvería loco. Pero de vez en cuando sí que me ponía música con el teléfono, porque dibujar es un trabajo muy solitario y la música alivia mucho esa soledad. —El hecho de vivir en una ciudad cosmopolita como París, ¿ha influido de algún modo en su facilidad para cambiar de atmósferas? —Sí, por supuesto, todo influye. No solo la ciudad de París, sino el día a día, la gente con que me encuentro. Para Madame Butterfly he buscado la inspiración japonesa, en los Cuentos macabros me puse más inglés… Y sí, ayuda mucho tener tan a mano ese melting pot. Si estuviese viviendo en Alaska, no te quepa duda, mi trabajo sería muy diferente. —Además de atreverse con un formato mayor del habitual, ¿qué retos se ha encontrado al ilustrar este clásico? —El formato me vino inspirado por la ópera, y lo que me obsesionó desde el principio era transmitir la sensación que yo mismo tuve la primera vez que la vi, pues me emocionó mucho. No se trataba de poner el CD e ilustrarlo. Tenía muy en cuenta que la ópera en el fondo es muy distinta de la verdadera vida, se usa una voz muy alta, y está el maquillaje, la iluminación… Luego están las dificultades técnicas, como las alas de mariposa, ¿cómo haces que se desplieguen? Eso sí es difícil. Pero también interesante.

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