Deportes

Los niños vuelven a sonreír

El horario del partido permitió una gran entrada y muchos sevillistas pudieron ir en familia al estadio.

el 03 feb 2013 / 21:03 h.

Juan Antonio fue ayer al Sánchez-Pizjuán por primera vez en la temporada. Ocho años de edad, otros tantos de socio, y demasiadas lágrimas derramadas jornada tras jornada por no poder ver a su equipo, únicamente por la tele y siempre que no haya colegio al día siguiente. Paco, su padre, no sabe ya cómo explicarle que eso depende de un señor de Madrid y que no siempre se puede jugar un domingo a las cinco de la tarde.

Pero Juan Antonio fue ayer un niño feliz. Muy feliz. Su padre pudo enseñarle el rito que él también aprendió hace años cuando comenzó a ir de niño al Sánchez-Pizjuán. Comida en casa de los abuelos y tras el postre, bufanda al cuello, paquete de pipas al bolsillo y paseo hasta la Bombonera. Cuando llegó allí le cambió la cara. Aquello no era la tele sino el Sánchez-Pizjuán de verdad. Una gran entrada de público, la gente animando y el equipo enchufado. Durante el partido, Paco intentaba explicarle al niño todo lo que iba ocurriendo sobre el césped. Le fue diciendo que el portero Beto era la primera vez que jugaba en el Sevilla como local porque el gran Andrés Palop estaba lesionado y ahora tendrá que pelear muy duro por volver a la titularidad. También le dijo que Negredo, el ídolo del niño, vuelve a estar enchufado y ya presenta unos números como goleador sevillista que se pueden comparar con los del mítico Juanito Arza.

Tras el descanso, la ilusión del niño crecía por momentos porque su equipo iba por delante en el marcador. Era el día soñado. Lástima que Navarro cometiera un nuevo penalti absurdo. Entonces, Juan Antonio escuchó cómo su padre le decía que el mallorquín debería sentir más el aliento en la nuca de Alberto Moreno, un chaval del filial que tiene muy buena pinta. El niño contestaba que sí a todo, y aunque parecía que no prestaba demasiado atención al partido, saltó como un resorte cuando Negredo anotó de tacón el segundo. Un golazo que le arrancó una gran sonrisa al niño y que fue el momento más feliz de toda la tarde para el padre. Tras casi un año sin llevar a su hijo al estadio, Paco pudo vivir de nuevo un domingo de fútbol como le enseñaron a él. Tras el partido se fueron caminando a casa felices pero sin saber cuándo podrán pasar de nuevo un día tan feliz.

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