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Los números de Jorge Molina desmienten la teoría de Mel

El delantero alcoyano necesita exactamente los mismos remates que Rubén Castro para marcar un gol.

el 26 ago 2013 / 23:24 h.

Rubén Castro y Jorge Molina celebran un gol / Kiko Hurtado (Marcamedia) Rubén Castro y Jorge Molina celebran un gol / Kiko Hurtado (Marcamedia) El potencial ofensivo del Betis, que durante tres años ha sido su faceta más determinante y su virtud más elogiada, se ha convertido de repente en el foco del debate, la polémica y las comparaciones por obra y gracia de una pretemporada irregular, un principio de campaña mermado por el déficit de puntería y, por último, las palabras de su propio entrenador. Pepe Mel ya lamentó las ocasiones marradas por sus hombres en el Santiago Bernabéu y se desesperó con lo que ocurrió en Jablonec, pero hasta que cayó ante el Celta no explotó, por así decirlo, en público. El míster dijo que el Betis "tenía que perder sí o sí" con tanto error ofensivo y puso como ejemplo y modelo a Rubén Castro: "Él no necesita ocho para meter una". Las declaraciones del entrenador no dejan en muy buen lugar a sus atacantes, más bien al contrario, aunque luego matizase que "esta racha acabará, seguro", y defendiese a Jorge Molina, quizá el más señalado por sus fallos frente al Celta. Pero las comparaciones son odiosas, sobre todo si se realizan en el calor del enfado y sin datos objetivos que las respalden. Y más en el caso de Rubén y Molina, autores de más de 100 goles entre los dos desde que están en el Betis y artífices fundamentales del ascenso, la permanencia y la clasificación europea a lo largo de las tres campañas completas que acumulan en Heliópolis. Un vistazo rápido a lo ocurrido la pasada campaña desmonta parte de la teoría de Mel. Desde luego no se trata de desmentir que Rubén sea el mejor delantero verdiblanco de los últimos tiempos, porque ahí están sus más de 80 goles para atestiguarlo, pero eso de que otros necesitan "ocho para meter una"... En la temporada 2012-13, el canario marcó 18 tantos y el alcoyano, 13. El canario jugó más: 34 partidos, 32 como titular y sin ser sustituido, 3.088 minutos en total, frente a los 32 partidos, 22 como titular y sólo 13 completos, 2.210 minutos en total, por parte del alcoyano. Y el resultado matemático es que vieron portería con la misma frecuencia: Rubén, cada 171 minutos, y Molina, cada 170. Calcular las ocasiones que necesita cada uno para cantar un gol es poco menos que imposible, pero se puede mirar los remates que efectúan antes de marcar. Y de nuevo la igualdad es máxima. En la campaña pasada, Rubén realizó 79 remates, 41 de ellos a portería, así que su porcentaje de acierto a gol fue del 23% y su porcentaje de acierto entre los tres palos, del 52%. Molina, por su parte, hizo 57 remates, 27 de ellos a portería, así que calca el nivel de eficacia de su compañero (23%) y sólo está un poco por debajo en su promedio de puntería entre los tres palos (47%). En todo caso, abrir una vía de desencuentro entre Mel y alguno de sus delanteros fetiche es inútil y sin sentido. Él y Jorge conversaron ayer y las palabras del domingo no se toman como un ataque personal por parte del jugador. De hecho, el míster lo aplaudió fervientemente cuando dejó el campo, quizá como mensaje subliminal a la grada para que no pitase al jugador. Y el delantero es consciente de la importancia de su amigo. "Se echaba de menos a Rubén, es nuestro jugador estandarte. Hombre, yo que he estado toda la pretemporada con él en la habitación lo he añorado menos, pero sí, en el campo es un jugador muy importante para nosotros", decía en una entrevista con este periódico el pasado viernes. La preocupación por la falta de puntería, pese a todo, es evidente en el Betis y Mel lo volvió a demostrar ayer por la tarde. En el primer entrenamiento tras la derrota con el Celta, el técnico organizó varios ejercicios de remates a portería en la ciudad deportiva para paliar algo que ahora es un defecto y en sus tres años fue el menor de sus problemas.  

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