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Los papeles de la plaza pública

Hace unos años me tocó observar en la Gran Plaza de Bruselas una escena ambivalente: mientras un guía se situaba con mucha seriedad en el lugar donde habían sido ejecutados en tiempos de Felipe II los condes de Egmont y de Hoom y contaba la historia de...

el 15 sep 2009 / 23:54 h.

Hace unos años me tocó observar en la Gran Plaza de Bruselas una escena ambivalente: mientras un guía se situaba con mucha seriedad en el lugar donde habían sido ejecutados en tiempos de Felipe II los condes de Egmont y de Hoom y contaba la historia de aquellos héroes de los Países Bajos, a pocos metros tenía lugar un campeonato de futbito, con su campo y sus gradas, entre la vocinglera animación de cientos de hinchas. La plaza, el antiguo Grote Mark, seguía cumpliendo así su papel de espacio público en el más extenso y versátil sentido de la palabra. La Plaza de San Francisco ha sido eso mismo durante siglos: allí se celebraron autos de fe contra herejes o a favor de dogmas, corridas de toros caballerescas, alzamiento del pendón de la ciudad por los monarcas, agarrotamiento de bandoleros como Diego Corrientes, la proclamación de la Constitución de 1812 o su abolición en 1823.

En nuestro tiempo la hemos visto trasmutada en mercado, pista de patinaje sobre hielo o ámbito carnavalesco. Desde mediados del siglo XIX se convirtió una semana al año en espacio escénico para observar el tránsito de las cofradías y también para que los observadores -desde reyes a familias acomodadas- fueran observados.

La iniciativa empresarial de convertirla ahora durante unos días en plató de desfiles de moda me parece, por tanto, uno más entre los papeles que ha desempeñado y puede desempeñar y el aprovechar para ello los palcos de la Semana Santa, una medida muy acorde con la imprescindible regla económica del abaratamiento de costes. No creo que vayan a existir escrúpulos religiosos por parte de las hermandades, no creo porque, de haberlos, sería la ciudad la que debería meditar sobre la posible incompatibilidad de esa actitud con el uso de un espacio público. Los tiempos de Felipe II ya pasaron.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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