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Cultura

Los perdedores también se enamoran

Critica de la obra 'A media noche', por Tanttaka Teatro, Tantarantana Teatre y Alebena Teatre. En la Sala Cero. * *

el 19 ene 2015 / 19:10 h.

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  • Lugar: Sala Cero 18 de enero
  • Obra: A media noche
  • Compañía: Tanttaka Teatro, Tantarantana Teatre y Alebena Teatre
  • Autores: David Greig, Gordon Mcintyre,
  • Dirección: Roberto Romei
  • Intérpretes: Lisi Linder, Iñaki Font
  • Calificación: Dos estrellas
Un hombre y una mujer se acercan a los 40 años sin haber hecho nada con sus vidas. Es el punto de partida de esta obra, una comedia ligera de contenido insustancial con una fuerte carga narrativa. La historia se centra en contar lo difícil que es madurar y hacer algo de provecho para los individuos de las sociedades capitalistas contemporáneas, sobre todo en las grandes ciudades, donde la abundancia de estímulos y la escasez de comunicación delimita una vida donde prima el individualismo y la competencia, y donde el triunfo se mide sólo por el dinero y los méritos profesionales. Los protagonistas de este relato no tienen ni una cosa ni otra, por lo que desde un principio se presentan como seres fracasados. Y es ahí, en esa condición de “perdedores”, donde reside la comicidad de la dramaturgia. Pero nuestro país no lleva tanto tiempo sumergido en las fauces del capitalismo como Escocia, el país donde transcurre el relato, y tal vez por eso no acabamos de identificarnos y reírnos de esa condición. De ahí que Iñaki Font refuerce la comicidad de su papel con un trabajo de caracterización a medio camino entre el clown y la máscara contemporánea. Se trata, sin duda, de una magnífica interpretación que se completa con la actuación de su compañera, Lisi Linder, quien supera el reto de interpretar varios papeles sin cambiarse de vestido, consiguiendo con ello despertar la risa del espectador. Aunque ésta, por desgracia, no aparece tanto como sería de esperar. Y es que, más que reírse de la falta de valores y estímulos verdaderos de nuestra sociedad suscitando con ello un ejercicio crítico, el relato se queda en una especie de película romántica insustancial que suple las imágenes y las elipsis temporales, propias del cine, con la palabra contada. Y al final, lo único que nos queda claro es que los perdedores también se enamoran. No obstante, cabe destacar que la dirección de Roberto Romei consigue imprimir un ritmo fluido y ascendente y le saca mucho partido al movimiento actoral y a la composición.  

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