Cultura

“Los periodistas no comen solo por que le des a ‘Me gusta’ a un artículo”

Javier Bauluz, director de Periodismo Humano, presentó en Sevilla el libro-DVD #resistenciaminera.

el 23 ene 2014 / 23:30 h.

Javier Bauluz, un profesional del periodismo dispuesto a replantear éticamente la profesión. / Pepo Herrera Javier Bauluz, un profesional del periodismo dispuesto a replantear éticamente la profesión. / Pepo Herrera Javier Bauluz (Oviedo, 1960), fotógrafo de prensa, primer español que ganó un Pulitzer por su trabajo en Ruanda, es fundador de la web Periodismo Humano. Esta semana presentó en Sevilla junto a Marcos Martínez el libro-DVD #resistenciaminera sobre la revuelta de Asturias, en un acto auspiciado por el Centro Andaluz de las Letras (CAL). –¿Qué tiene la minería para seguir atrayendo la atención que no tengan otros sectores? –El movimiento obrero minero tiene una tradición de lucha grande, a la vanguardia de la defensa de sus derechos y de otros derechos más grandes. Hubo lucha en el 34, en el 62, y ahora, pero hay muy poca información de los primeros conflictos. Por eso este libro tiene algo de memoria histórica actualizada. –Es curioso que, justo cuando se decretaba el fin del movimiento obrero y se hablaba de desmovilización total, se desmintiera todo de un modo tan rotundo. –Efectivamente, la entrada en Madrid fue lo más emocionante. Miles de personas de todo tipo, ideología y condición, salieron a recibir a los mineros como héroes, y se volvió a oír un grito que en estos años de burbuja de estupidez parecía apagado: “Que viva la lucha de la clase obrera”. A partir de ahí, otros colectivos empezaron a movilizarse, quizá no con la lucha directa, sino con las mareas: por la sanidad, por la educación… –¿El preámbulo de Gamonal? –Sin duda. Acabo de estar allí, y lo veo como el otro punto de inflexión del movimiento obrero. No se trata de un bulevar ni de unos aparcamientos, eso es solo la chispa que ha encendido Gamonal y muchos lugares de España. En una semana de resistencia no solo han logrado parar las obras en las que iban a gastarse ocho millones de euros mientras se cerraban guarderías. Es algo más, es el hartazgo por todo lo que está pasando, la corrupción y el caciquismo. Los que dicen que eran vándalos, que vayan a contar cuentos a otro lado. –¿Todo esto viene a demostrar que no hay que ir muy lejos para encontrar grandes dramas? –Me da igual estar en el Chile de Pinochet, en Bosnia como en Gamonal: se trata de contar lo que sucede, aunque sean distintas realidades. Hoy los intentos de ocultar la verdad son un poco absurdos, porque ya no son los de siempre los que tienen el megáfono. Los ciudadanos y otro tipo de periodistas aportamos puntos de vista diferentes. Yo venía de Ruanda, y avisé a Médicos sin frontreras de que esto estaba pasando aquí. Una emergencia humanitaria en el sur de la rica Europa. –Cuando empezaron a aparecer cadáveres de inmigrantes en las costas españolas, nadie creía que eso pudiera suceder en Europa. –Empecé a trabajar en ello en el año 96, cuando leí en el periódico “Impermeabilización de la frontera de Ceuta” ¿Qué querrían decir? ¿El muro de Berlín en Ceuta y Melilla? Hubo miles de muertos en el Estrecho y Canarias, por no hablar de los cortes de las concertinas. Vi a docenas de subsaharianos tirados como perros, ateridos de frío, quemados o heridos, al cargo de una pareja de guardia civiles que solo tenían el uniforme y la pistola. Costó mucho conseguir contar eso, y que se supiera. –¿Está clara la frontera entre periodismo y activismo? –Es la delgada línea roja, por eso nuestro proyecto se llama Periodismo Humano. A un lado está lo humano, al otro el periodismo profesional. Queremos contar las cosas como son, pero con los Derechos Humanos como bandera ideológica. A veces te apetece ir más allá y hacer más cosas. Nos ceñimos a lo que pasa, para no caer en lo que se está cayendo, en contar la historia según mi ideología o mis intereses económicos. Pero la base es el manifiesto de 2008. Estamos al servicio de los ciudadanos, no de los políticos. –¿Tiene algo de vacuna contra la insensibilización del oficio? –En realidad llevo haciendo lo mismo 30 años. Si me insensibilizara, me dedicaría a hacer otro tipo de cosas, porque no es agradable estar entre guerras y miserias. Se trata de buscar herramientas que te permitan contar, y por fin la tecnología lo permite. –Ahora hay tres compañeros secuestrados en Siria. Para mucha gente es el único modo de ver que para desayunar con las noticias en la mesa hay gente jugándose la salud y la vida… –Así es, en los últimos años la palabra periodista la he escuchado más en boca de Belén Esteban que cualquier otro sitio. Creo que se debe a que una gran cantidad de medios tradicionales han incumplido su función y se han desviado hacia el ánimo de lucro. Eso nos ha hecho más daño que la propia Belén Esteban. –Los propios periodistas, ¿no han sido unos pésimos defensores de su propio gremio? –Es complicado. Son más de 10.000 los periodistas despedidos en los últimos tres o cuatro años. Por otro lado, hay miles de periodistas secuestrados en sus propias redacciones. No pueden hacer lo que quieren, no les dejan ni salir a la calle, porque es más barato producir desde la redacción. Lo cierto es que solo con darle a Me gusta a un artículo los periodistas no comen. Hay que echarles de comer, aunque sea como en el zoo, para que podamos hacer nuestro trabajo.

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