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«Los pocos recursos que quedan han de ir a la formación interna»

José María O'Kean, catedrático de Economía Aplicada, cree que el debate sobre la economía no está bien planteado en términos de quién gana o pierde con las reformas. «La clave está en la productividad»

el 27 jun 2010 / 19:09 h.

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José María O’Kean, en su despacho de la Pablo de Olavide, donde da clases de Teoría Económica y Económica Política.

-El Congreso ha convalidado una reforma laboral que no gusta a patronal ni a sindicatos. ¿Qué aporta a la creación de empleo y qué deja en el tintero?

-La reforma supone un avance. Reconoce que había que hacer cambios y que el mercado de trabajo no funciona, aunque hemos tenido que llegar a casi cinco millones de parados para hacer algo. Otra cuestión importante es que el Gobierno y el gasto público han dado de sí todo lo que podían. El sector privado tiene que tomar el relevo, pero no lo hace porque el problema del crédito no se ha solucionado. La reforma laboral ha mejorado cosas pero no supone un cambio drástico ni sustancial.

-El debate se ha simplificado a despido caro o barato.

-Se está abordando el problema de la economía desde perspectivas incorrectas como quién gana con la reforma, si empresarios o trabajadores; quién paga la crisis; el sistema capitalista no funciona... El trasfondo es que somos un país que ha vivido por encima de sus posibilidades. Hemos aguantado sobre turismo y construcción, que necesitaba mucha financiación, lo que nos ha endeudado. Y no hacemos nada por mejorar la productividad ni para ser un país competitivo. El Estado ha intentado tirar de la economía con un gasto público enorme, pero sin reformar nada. Y necesitamos simplificación. No podemos generar un sistema económico y social en el que haya que negociarlo todo y si no, surge el conflicto.

-Su última publicación va en esa línea. ¿Cómo se logra una España más competitiva?

-La competitividad depende de varios factores: los tipos de cambio (devaluaciones), que hay que olvidar. Otro son los precios, tener menos inflación que los países con los que competimos. Por lo general, los sistemas de negociación colectiva hacen que los salarios y los precios se impulsen. Y los costes, que son más altos. Nuestros salarios siguen siendo más bajos pero han subido muy rápidamente, hasta en recesión. Pero lo importante es la productividad. La cuestión clave es que somos el único país en el que entre 1995 y 2006 la productividad media por año ha sido negativa, en un momento en el que la revolución tecnológica ha planteado una nueva visión. Ese salto requiere trabajadores estables, que las empresas vean claro que invertir en formación y tecnologías genera valor, pero para ello necesitamos un marco laboral adecuado, y el actual no lo es.

-¿Qué era lo más urgente?

-Yo hubiera acabado con el contrato temporal y hubiera establecido un contrato único que simplificara las relaciones laborales. Esto era lo básico. Por otro lado, hubiera impulsado más los incentivos a la formación en tecnología dentro de las empresas.

-¿Crea empleo la reforma?

-Va a facilitar que las expectativas sobre qué pasa con la reforma se hayan levantado y, por tanto, la gente que estaba esperando y tenía oportunidad va a alentar un poco el empleo.

-Reforma laboral, financiera... ¿Qué ajustes restan?

-El sistema financiero no está ajustado del todo, ahí nos queda. Las cajas tienen un problema importante, que para crecer se han endeudado mucho y ahora tienen que renovarlo. A una caja pequeña le va a costar mucho refinanciar su deuda, pero las fusiones frías les va facilitar la búsqueda de financiación. Pero las cajas tienen una superestructura excesiva en dimensión que las fusiones frías no están solucionando. Hay que tener claro que la economía española debe cambiar, su objetivo es la productividad y para eso hay que acometer cambios como la formación dentro de las empresas. Es el punto clave a corto plazo, donde meter los pocos recursos que nos quedan disponibles.

-¿Está el problema en la mentalidad del empresario?

-Hay que generar los incentivos. Cómo le vas a contar a alguien que gana muchísimo dinero colocando ladrillos que las tecnologías son el futuro. Hemos puesto los incentivos en los dos ciclos de crecimiento anteriores en la línea equivocada.

-El paro no tiene visos de solución a medio plazo. ¿Qué releva a la construcción?

-Sectores de la misma baja productividad no nos sacan de ningún sitio. Lo hizo el Estado con el Plan E para mantener el impulso del sector. Como no metamos mucho dinero en la formación de los trabajadores parados no vamos a crear empleo. Se trata de incorporarlos al mercado laboral con formación, pero adecuada y tecnológica.

«España responde en el borde del precipicio»

-El sostenimiento del sistema de pensiones es otro debate que no queda más remedio que abrir...

-No creo que sea urgente. Tenemos que jubilarnos con 67 años o más por la lógica aplastante del aumento de la esperanza de vida. Podemos fomentar las pensiones privadas, una solución para quien puede ahorrar, no para la gente más necesitada. No creo que sea importante, sí para tranquilizar a los mercados, pero no que se aborde con urgencia. Bastantes problemas tenemos.

-Las exportaciones o la recaudación por IVA muestran signos positivos. ¿Inicio de la recuperación o espejismo coyuntural?

-La economía española siempre responde al borde del precipicio. Y como estamos ahí, ha empezado a responder por el sitio adecuado. Las empresas buscan mercados exteriores. Las exportaciones suponen la mejor noticia. ¿Van a ser suficiente? La impresión es que no. Cuando la economía se recupere se van a empezar a comprar productos extranjeros. Pero es el camino a impulsar. Tampoco creo que la exportación sea capaz de absorber los más de 4 millones de parados.

-Tras el IVA ¿subirán más impuestos?

-Si la economía se recuperara rápidamente, empezaríamos a recaudar y no haría falta, pero si no es así habrá que subir impuestos y la economía no se va a recuperar. Nos estamos precipitando mucho en el ajuste.

-Zapatero ha recibido estos días apoyo de Bruselas, el FMI y hasta Obama. ¿Qué ha cambiado?

-Ha entendido que había que cambiar cosas y no seguir en la línea en que estaba. Hacía un gasto social muy intenso pensando que la economía se iba a recuperar pronto y que el Estado tenía que suplir la falta de demanda momentánea. La economía no se ha recuperado, nos ha metido en un déficit público enorme y ahora necesitamos que nos financien. Te miran con lupa y, en la unión monetaria, nuestros desequilibrios sumados a los griegos y portugueses arrastran a los demás. El coste es sacrificar la recuperación que parecía que se iniciaba.

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