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Los policías locales que se comen el presupuesto municipal

Por una vez, y sin que sirva de precedente, hay que reconocer que el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, está cargado de razón al afirmar que el servicio de la policía local se come buena parte de los presupuestos municipales.

el 14 sep 2009 / 23:16 h.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, hay que reconocer que el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, está cargado de razón al afirmar que el servicio de la policía local se come buena parte de los presupuestos municipales. El coste debe ser tal que ha decidido prescindir del mismo con lo que puede que sea éste uno de los pocos pueblos, por no decir que el único de su tipo y dimensión, que no cuenta con tal cuerpo de seguridad. Los socialistas de la localidad, en la oposición, han denunciado este hecho y lo relacionan directamente con los últimos robos registrados en garajes y naves de pequeños agricultores del pueblo. A priori, podría pensarse que estamos ante un gesto más de la radicalidad a la que nos tiene acostumbrado el líder de la CUT. Sin embargo, parece que no está solo. Son muchos los alcaldes que confiesan en privado los continuos dolores de cabeza que les da la gestión de este servicio tantos que si por ellos fuera, prescindiría del mismo. Por tanto, no estamos ante un hecho aislado sino, más bien, ante una muestra clara de que persiste el debate sobre las funciones que deben corresponder a nuestros policías locales.

un debate necesario para definir sus funciones

La discusión cobra, incluso, más valor, si cabe, después de conocerse la sentencia del TSJA sobre el robo en la Joyería Román y que condena al Ayuntamiento de Sevilla al pago de medio millón de euros por la negligencia de unos policías locales que no actuaron como correspondía a pesar de observar que la alarma estaba indicando alguna incidencia en el interior del local. La excusa de que esos funcionarios no tenían encomendadas labores de seguridad ciudadana no cuela para los jueces y, ahora, el ayuntamiento, tendrá que asumir las consecuencias. Lo cierto es que el problema está ahí y lo peor de todo es que cada uno, cada alcalde, hace la guerra por su cuenta. Unos, tratando de crear un cuerpo distinto, más dúctil y maleable, al margen de las rigideces legales y administrativas actuales, otros, tratando de dedicarlos, infructuosamente, en especial, a la lucha contra el vandalismo y los más, soportando con resignación conflictos continuamente, casi siempre, haciendo frente a sospechosa bajas laborales masivas por enfermedad.

la dificultad de aunar criterios

Lo cierto es que esta disparidad de criterios es aprovechada por algunos hasta el punto de que resulta alarmante la debilidad que muestran nuestras autoridades frente a las reivindicaciones que plantean en determinadas ocasiones. Sus reclamaciones pueden que sean legítimas pero sería bueno que se dieran a conocer las condiciones salariales de las que gozan muchos de nuestros policías locales o, por ejemplo, el grado de absentismo que alcanzan. Puestos a saber, también, sería bueno que se esclareciera ese extraño virus que les afecta en los momentos clave y que sólo desaparece cuando el alcalde de turno afloja la cartera. A lo mejor es mucho pedir aunque eso no quita que desde aquí se reconozca la ingente labor que hacen con su sacrificado trabajo en favor de nuestra comunidad.

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