Los pulmones verdes agonizan por los efectos del turismo y el ladrillo

El 68% de la actividad turística se localiza en entornos urbanos de alto nivel paisajístico.

el 16 ago 2010 / 19:15 h.

La Unión Europea define el paisaje como "cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos", según el Convenio Europeo del Paisaje firmado en Florencia en el año 2000 y que España ratificó a finales de 2007 (entró en vigor en marzo de 2008). En atención a ello, el paisaje forma parte del patrimonio natural y cultural a proteger. Genera calidad de vida pero a la vez es un recurso para crear riqueza y empleo. Combinar ambos aspectos es lo que pretende la futura Estrategia del Paisaje que prepara la Junta. Y es que, aunque según el último informe anual de Medio Ambiente, el 50% de la población andaluza vive en un entorno de alto valor natural, más allá de los espacios protegidos, "estos cinturones naturales que rodean muchas ciudades se encuentran frecuentemente en un estado lamentable".

Las causas principales radican en que son "áreas cuyas expectativas de urbanización les han llevado al abandono y a ser blanco de todo tipo de impactos". Pero junto al afán incontrolable del ladrillo, el informe de la Consejería de Medio Ambiente advierte también del impacto de una explotación turística descontrolada. Y es que el 68% de la actividad turística se localiza en entornos urbanos con un nivel paisajístico de alta calidad y el 35,2% del turismo se realiza en ámbitos de alta calidad natural pero "sólo el 2,6% de dichos turistas tienen la garantía de volver a disfrutar de dichos paisajes año tras año".

El valor de un paisaje se mide en función de su grado de naturalidad. En los espacios protegidos, la naturalidad mínima presente es del 45% (por supuesto en estos espacios hay zonas que superan ampliamente ese mínimo, de ahí su alto valor ecológico). En el caso de los paisajes del entorno urbano, se considera que su nivel es muy alto cuando superan el 50% de naturalidad y alto cuando es mayor al 20%, siempre que esa naturalidad se extiende como mínimo a lo largo de una superficie de cien hectáreas. Por debajo de este porcentaje de naturalidad, se considera que se trata de un paisaje pobre.

Más del 50% de los ciudadanos andaluces reside en núcleos de población con un entorno natural alto, aunque sólo el 5,5% tiene cerca un paisaje de nivel muy alto por su elevada naturalidad. Por contra, el 49,2% de la población habita en asentamientos con paisajes pobres, algo menos de la mitad de ellos (20,2%) en entornos con una proporción de naturalidad por debajo del 10%.

Para Medio Ambiente, el paisaje andaluz es de "extraordinaria riqueza y diversidad" y constituye "un valioso patrimonio importante no sólo por su valor para la identidad y diversidad cultural de las comarcas, ciudades y pueblos de Andalucía, sino también por ser un elemento indisociable de la salud ecológica y de la calidad de vida de sus ciudadanos" además de un capital físico, social y territorial" ya que no se puede deslocalizar.

Por ello, no oculta su preocupación por el "evidente y rápido deterioro" que están experimentando los paisajes andaluces debido en gran parte a la acción humana.
Ante las dos amenazas principales, los avances en la normativa urbanística y la ordenación del territorio tratan de poner freno a la construcción desordenada y descontrolada. Pero en su informe anual, la Consejería de Medio Ambiente considera especialmente "preocupante" el dato relativo al uso turístico de estas zonas, con el que "no está garantizado mantener un turismo de calidad y sostenible".

La futura Estrategia del Paisaje, cuya aprobación está prevista para diciembre, pretende coordinar a siete consejerías cuya política repercute en el entorno natural, ya que hasta ahora las acciones realizadas se han caracterizado frecuentemente "por su dispersión e incidencias limitadamente sectoriales en el territorio". Y además de la protección y gestión, afrontará nuevos retos como la integración paisajística de las energías renovables, los efectos del cambio climático o la expansión de las ciudades.

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