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Los resultados electorales, una condena a las políticas de Obama

Al presidente le han pasado factura medidas como la reforma del sistema sanitario o el fuerte crecimiento del déficit presupuestario al que se vio obligado para estimular la economía tras la crisis financiera de 2008.

el 03 nov 2010 / 06:48 h.

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Los resultados electorales de hoy en EEUU, que han propinado un fuerte varapalo a los demócratas, representan una condena a la política adoptada por el presidente Barack Obama en sus primeros dos años de mandato.

Cerca de cuatro horas después del cierre de los primeros colegios electorales, las cadenas de televisión ya adjudican la Cámara de Representantes a los republicanos, que consiguen también avances en el Senado aunque sin que parezca probable que logren el control de este foro.

El presidente estadounidense deberá ahora plantearse muy seriamente cuáles han sido sus errores y cuáles deben ser sus próximos pasos.

Las encuestas a pie de urna apuntan a que una de las claves de la gran derrota demócrata ha sido la abstención entre sus filas, en particular entre los jóvenes, y el entusiasmo entre los republicanos a la hora de acudir a votar. Los independientes, en esta ocasión, también se han inclinado por los republicanos, por una diferencia de quince puntos.

El presidente que llegó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2009 con una popularidad del 70 por ciento y con la promesa de "Yes We Can" (Sí Podemos), no ha podido responder a las expectativas, a veces contradictorias y a todas luces desmesuradas, que había despertado entre quienes le votaron entonces.

Le han pasado factura medidas como la reforma del sistema sanitario, que pese a lo que esperaban los demócratas no ha ganado popularidad tras empezar a ponerse en marcha, o el fuerte crecimiento del déficit presupuestario al que se vio obligado para estimular la economía tras la crisis financiera de 2008. Pero su gran talón de Aquiles ha sido la economía, que prometió que sería la gran prioridad de su mandato pero que no ha terminado de despegar, al menos a juicio de los votantes.

Las encuestas a pie de urna ponían de relieve que cuatro de cada diez votantes consideraba que se encontraba en peor situación ahora que hace dos años. Dos de cada tres decían que la economía era su mayor preocupación. Sin duda, el presidente estadounidense tendrá que centrarse aún más en la economía en la segunda parte de su mandato.

Con la Cámara de Representantes en manos de los republicanos, tendrá que cambiar también su estrategia política, que hasta ahora había hecho gran uso de las amplias mayorías demócratas en el Congreso.

Ambiciosas prioridades como la ley de Energía o la reforma migratoria tendrán que resignarse a pasar, si pasan, troceadas y no como medidas exhaustivas.

Pero probablemente Obama también tendrá que corregir lo que parece uno de sus grandes problemas, la comunicación con el público, a la hora de transmitir sus logros, reales o percibidos.

De hecho, desde la llegada al poder de Obama, la economía ha vuelto a crecer, si bien lentamente, y se ha dejado de destruir empleo, aunque no se crean puestos de trabajo con la rapidez que los votantes, o el Gobierno mismo, querrían.

Pero a lo largo de esta campaña, ni el presidente ni los candidatos de su partido han podido conectar con los votantes con el argumento de que la crisis comenzó durante el mandato republicano y no se debe esperar que sea ese partido quien lo resuelva.

Una de las grandes quejas de los votantes es la aparente falta de empatía del presidente, y su distancia del ciudadano normal. Ello hace pensar que el presidente no sólo tendrá que plantearse sus políticas, sino también quién ejecuta sus políticas.

En las últimas ocho semanas, varios altos funcionarios han anunciado su marcha, entre ellos el ex jefe de Gabinete, Rahm Emanuel, o el consejero de Seguridad Nacional, James Jones. Indudablemente, tras las elecciones otros varios también abandonarán su puesto. En las quinielas de todos figuran nombres como el secretario de Defensa, Robert Gates, o el actual portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, que podría pasar a actuar como asesor político del presidente.

En cualquier caso, quienes los sustituyan deberán dar un golpe de timón para alinear más sus políticas con el gusto del americano medio... o para hacer que al americano medio le gusten sus políticas.

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