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Los Reyes anónimos de un mundo de colores y purpurina

Un engranaje casi perfecto del que forman parte bandas, niños, beduinos, adultos, carrozas y así hasta casi un millar de personas.

el 05 ene 2014 / 19:49 h.

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Más de una treintena de componentes formaron parte de la carroza número 16 de este cortejo de la ilusión, acompañando al Mago de la Fantasía. Más de una treintena de componentes formaron parte de la carroza número 16 de este cortejo de la ilusión, acompañando al Mago de la Fantasía. FOTOGALERÍA. Los protagonistas que hacen que todo vaya bien Llevar la ilusión por buena parte de las calles de Sevilla no es algo que se improvise. Detrás de cada carroza hay decenas de horas invertidas en pequeños detalles, que en la tarde de ayer vivieron sus últimas puntadas para que todo saliera tal y como estaba previsto. Un engranaje casi perfecto del que forman parte bandas, niños, beduinos, adultos, carrozas y así hasta casi un millar de personas que, horas antes de que la Estrella de la Ilusión lanzara sus primeros caramelos al cielo, iban dando vida al mundo de fantasía en el que se convierte cada año la sede de la Universidad de Sevilla. La magia de las personas era la responsable de hacer única a cada una de las carrozas del cortejo. Sus personajes hablaban de experiencias personales, de la última vez que tuvieron la suerte de preceder a los Magos de Oriente e incluso de la cantidad de caramelos que este año repartirían desde el balcón de la ilusión en el que observan con ojos de niño a cada uno de los sevillanos. Desde ahí, la Cabalgata comienza a fluir como si nadie fuera indicando lo que tiene que pasar. Yeso, tratándose de quien se trata, puede considerarse magia de la buena. Nada mejor que sentirse como niños para creer en la capacidad organizativa que tiene el cortejo. Mientras los más pequeños subían a las carrozas los nervios se convertían en sus principales acompañantes. No todo los días tiene uno la oportunidad de inundar de caramelos a amigos, familiares y a otras tantas personas con las que sólo se comparte la inocencia que hace de esta noche una de las más especiales del año. Con la venia a la ilusión concedida, Sevilla empezaba a imbuirse en la magia de cada carroza. Detrás de cada una de ellas, los rostros anónimos de centenares de niños, el trabajo callado de voluntarios que con su chaleco reflectante intentan pasar desapercibidos entre tanto colorido y purpurina. También bandas de música que levantan el ánimo y que hacen que la experiencia de ser beduino sea inolvidable para aquellos que han tenido la fortuna de pintar su rostro de negro. Esa es la otra cabalgata que se ve en la cara de ilusión de los otros niños, los que no esperan recibir caramelos porque sencillamente tienen la esperanza de repartirlos.

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