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Los Reyes Magos se lucen en el Rectorado y se libran de la lluvia

El Consistorio calcula que 600.000 personas acudieron a presenciar el cortejo, que discurrió a toda velocidad por temor a que lloviera y se recogió a su hora por primera vez en años.

el 04 ene 2011 / 19:17 h.

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Sus Majestades saludan a los niños desde le Rectorado.

Tras el accidentado prólogo de la Cabalgata de este año, por el trabajo que le ha costado al Ateneo encontrar a un Rey Melchor, la Universidad de Sevilla devolvió ayer la suerte al cortejo de los Reyes Magos, que contra todo pronóstico salieron con sol y se recogieron sin sufrir ni un chaparrón, sorteando un 95% de probabilidades de lluvia. La Fábrica de Tabacos, de donde salían por primera vez, fue un acierto desde antes incluso del inicio del cortejo, porque permitía que la gente viera las carrozas desde fuera, rodeando el foso en vez de tener que esperar agolpados a que saliera, lo que probablemente alivió la densidad del gentío que se agolpa en la puerta. Además, la coronación de los Reyes desde el balcón de Geografía e Historia -en la sede del Ateneo se hacía sobre un andamio- fue especialmente lucida. El Consistorio calcula que unas 600.000 personas acudieron a presenciar el cortejo.

Mientras los beduinos comenzaban a armar jaleo y las 32 carrozas se ponían en marcha, la atención se centraba en la duquesa de Alba, a quien muchos le pedían fotos mientras los niños de las carrozas intentaban llamar su atención. La duquesa había acudido a ver a su hijo Cayetano Martínez de Irujo, que encarnaba a un Rey Gaspar que no pasará a los anales de la Cabalgata por su gracia, junto a un también discreto Rey Melchor, representado por el hermano mayor de Los Panaderos, Emilio Santiago. Por suerte, Baltasar, bajo la apariencia del propietario de la cadena de gimnasios Sato, Domingo Pérez, había hecho las pesas suficientes para lanzar los caramelos tan lejos como los críos exigen al rey negro. Porque una cosa es que se lancen menos dulces para que la comitiva sea más sostenible, y otra muy distinta que parezca que los Reyes han renunciado a darle en la cabeza al último niño de la multitud.

Ya desde la salida del cortejo quedó claro que la carroza del año era la de Bob Esponja, aunque no todos los niños con la suerte de estar en ella eran fans del famoso inquilino de la consabida piña del fondo del mar. Alejandra (11 años) y Lucía (7) no suelen verlo, pero esta última está entrando por el aro, porque su prima se lo está "pegando" y ya hasta se sabe algunas canciones del famoso dibujito animado. La esponja amarilla jugaba con ventaja: entre el chavalerío, el dibujito con pinta de queso gruyere ya copaba la población de globos de helio desde antes de ver cómo había quedado la carroza, que estaba muy conseguida.

También es obvio que los muñequitos antiestrés han llegado a la Cabalgata para quedarse, en sus distintas versiones: este año la Estrella de la Ilusión repetía sus estrellitas, no sólo blancas sino también de colores, y Baltasar lanzaba unos musculosos muñecos sonrientes, recién llegados del gimnasio. En general, más muñecos y más gusanitos redujeron en parte el habitual despilfarro de caramelos, un objetivo que el Ateneo lleva años persiguiendo.

Otra novedad: aunque la mayoría de las carrozas son recicladas del año pasado, se ha renovado la iluminación de algunas, cambiando los focos por luces led en montajes como La Cenicienta, el del coche de Fernando Alonso o La Guerra de las Galaxias -a la que le viene que ni pintado-.

La comitiva abandonó el Rectorado y enfiló la Ronda Histórica a toda prisa, aún temerosa de que la tregua del tiempo fuese breve. Recorrió en un santiamén el tramo que la separaba de Resolana, donde este año estrenaba la entrada al Centro por la calle Feria, que se volcó para darle la bienvenida: había mucha gente en la calle y en las casas, y en dos balcones enfrentados habían colgado una enorme cantidad de globos de colores, que los vecinos lanzaron al paso de los Reyes Magos.

El recorrido fue más divertido incluso que el de la Alameda, que este año cruzaron de soslayo, sólo por el pequeño tramo que une Amor de Dios con Trajano. Allí llegaron también rápido, porque sobre las seis y media, al ponerse el sol, el frío y unos nubarrones volvieron a atraer el fantasma de la lluvia. Pero la Alameda sirvió para localizar las carrozas más marchosas: la de los pajes del Rey Gaspar no paraba de bailar Paquito el Chocolatero -una cría danzaba incluso cuando paraba la música-, mientras Blancanieves pedía disculpas con gestos porque se había quedado sin caramelos. Los personajes de la Guerra de las Galaxias no paraban de luchar a muerte con sus espadas láser, observados por una multitud de niños a hombros de sus padres, que eligieron la amplitud del bulevar para minimizar los apretones de las bullas. El cortejo continuó a paso ligero: tanto, que por primera vez en años entró a su hora.

El gafe de la carroza de Don Quijote. La carroza de Don Quijote se quedó parada ayer en Reyes Católicos al estropearse el tractor que la remolcaba. Se trata de una de las carrozas más queridas por los niños, aunque parece gafada: en su primer año no dio tiempo a terminarla y salió sólo con la estructura, sin ninguna decoración. Al año siguiente se le reventaron el eje y las ruedas por el excesivo peso de los caramelos.
La avería esta vez se solventó con rapidez, enganchándole otro vehículo con el que pudo reincorporarse a la comitiva.

El Príncipe Kaspian tropieza y las motos derrapan por los caramelos. La carroza del Príncipe Kaspian se quedó enganchada ayer en el cruce de Menéndez Pelayo con Santa María la Blanca y perdió un pedazo del decorado que durante todo el recorrido trataron de sujetar. Muy cerca de allí, en la Puerta de la Carne, en cuanto se reabrió el tráfico varios motoristas se cayeron por culpa de los caramelos pegados al suelo. Una chica tuvo que ser trasladada a un hospital y la Policía Local estableció un control para desviar a estos vehículos.

Beduinos numerados. Los beduinos han lucido este año un número en sus uniformes para poderlos identificar. La decisión se ha tomado después de que el año pasado alguno cometiera alguna que otra gamberrada y fuese muy difícil saber quién era para pedirle explicaciones, al ser tantos vestidos de la misma forma y sin parar de moverse.

Baltasar y el lanzamiento de camisetas. Baltasar llegó a la Alameda arrasando: el Rey Mago lanzaba los caramelos tan lejos que levantó más de un murmullo de asombro, porque el resto de las carrozas ha estado este año un poco escasita de fuerzas. El culmen del jolgorio llegó cuando Baltasar se puso a lanzar ropa deportiva: con tanta energía, el botín quedó bien repartido.

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