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Los rostros del dolor ajeno

Las pastillas solidarias curan enfermedades a personas con nombres propios.

el 02 abr 2011 / 19:29 h.

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Sam, de Camboya, con sus pastillas para combatir el sida.
La campaña Pastillas contra el dolor ajeno de la organización médico sanitaria Médicos sin Fronteras ha cosechado un éxito sin precedentes mostrando una gran efectividad en tiempos de crisis. En los tres primeros meses desde el lanzamiento, esto es entre diciembre y febrero, se habían vendido más de tres millones de cajas de estas pastillas de menta inocuas pero que tratan con eficacia el chagas y el sida en los proyectos que tiene la organización en Bolivia y Zimbabue, respectivamente.


La portavoz de la campaña, Paula Farias, no disimula su entusiasmo por el éxito de la campaña: "Podemos estar orgullosos de que en España, en estos tres últimos meses, tres millones de veces alguien haya sufrido dolor ajeno y haya acudido a la farmacia buscando alivio".

La exposición itinerante Voces contra el olvido, que recorre el país y estuvo hasta el día 29 en el Aeropuerto de Málaga, pone cara a este dolor a través de 60 fotografías tomadas por Juan Carlos Tomasi en India, Bolivia, Guatemala, Sudán, Costa de Marfil, Camboya, Somalia, Colombia y Armenia.

Chanda, Juan, Daniel, Joceline, Sam y Astghik son los rostros de seis enfermedades olvidadas por la industria farmacéutica y las agendas políticas por no ser rentables. Sin embargo, más de 12.000 personas mueren cada día en el mundo a consecuencia de estas seis dolencias: el kala azar, el chagas, la enfermedad del sueño, la malaria, el sida y la tuberculosis.

De momento, esta campaña se centra en dos de estas dolencias: el sida y el chagas. Así, los fondos recaudados hasta ahora por las pastillas contra el dolor ajeno se han destinado a los programas de Médicos sin Fronteras en Bulawayo y Tsholotsho, en Zimbabue, donde esta ONG, junto con el Ministerio de Salud zimbabuense, trata a 11.000 pacientes al año, de los que una gran parte son niños. En Bolivia, las aportaciones de la campaña cubrirán los costes de un programa que en 2010 llevó a cabo 5.500 exámenes para detectar la enfermedad y en el que a finales de 2011 ya se habrán tratado a más de 4.000 pacientes.

Chanda. Kala Azar.
(India)

-Chanda tiene unos diez años, más o menos, según su abuela. Ambas pertenecen a la casta de los musahars, los cazadores de ratas, una de las más bajas en el escalafón de la sociedad india. Hasta no hace mucho no tenían derecho ni a llevar zapatos, así que difícilmente podía aspirar a recibir el tratamiento contra el kala azar, que en India se conoce como fiebre negra. Chanda está ingresada en el Hospital de Hajipur, en el estado de Bihar, el mayor foco de kala azar del mundo.

Juan. Chagas.
(Guatemala)

-La vinchuca elige entre sus víctimas a los más pobres. Juan Romero es uno de tantos niños que viven en zonas rurales de Guatemala. Ha hecho un largo camino hasta la ciudad de Olopa para hacerse la prueba del chagas, y ha resultado positivo. Le están administrando uno de los dos únicos fármacos que existen. Ya estuvo en tratamiento una vez, pero la lejanía de su comunidad le hizo interrumpirlo.

Daniel. El Sueño.
(Sudán)

-Daniel tiene 16 años y es de Tambura, en el Sur de Sudán. Cuando su familia huyó a República Centroafricana por culpa de la guerra, Daniel contrajo la enfermedad del sueño, que transmite la mosca tse-tsé. Cuando la familia pudo regresar, en una clínica de Médicos sin Fronteras se comprobó que se encontraba ya en la fase II de la enfermedad y presentaba síntomas graves, como la descoordinación de movimientos.

Joceline. Malaria.
(Costa de Marfil)

-Joceline vive con pocas cosas bajo los restos de su techo. Tenía una mosquitera pero se le quemó. Cuando quedan restos de agua, el mosquito que trasmite la malaria deja sus huevas y todo lo convierte en su criadero. Joceline está tomando nuevos medicamentos desarrollados por investigaciones sin ánimo de lucro. Se siente mejor, pero como pasa todo el día trabajando bajo el sol en los campos de arroz y con los pies en el agua, la fatiga vuelve.

Sam. Sida.
(Camboya)

-"Voy a la escuela, pero no soy el primero de la clase porque juego mucho", dice Sam, sonriendo. Es seropositivo. Su madre, que también lo es, le prepara cada día media pastilla y un jarabe que el niño toma al llegar a casa. Ella toma seis comprimidos al día. En países como Camboya, el estigma hacia los pacientes de sida ha disminuido, pero Luek sigue teniendo miedo a que la discriminen, o peor todavía, que discriminen a Sam.

Astghik. Tuberculosis.
(Armenia)

-Astghik es armenia, tiene 29 años y vive en Turquía desde hace cuatro. Pero ahora ha vuelto a su país, para tratarse la tuberculosis multirresistente que padece. Ahora se encuentra mejor. Pero dice que tiene miedo de volver a contraer la enfermedad. "La doctora me preguntó qué pensaba hacer con mi hijo si seguía enferma y no me curaba. Me dijo que estaría solo y que mi deber como madre era curarme".

El reto de Médicos sin Fronteras es multiplicar el apoyo solidario para destinar nuevos fondos a la lucha contra estas seis enfermedades olvidadas. "La campaña está siendo todo un éxito y la gente se está volcando con la iniciativa. Gracias al apoyo de cientos de miles de personas, ya estamos tratando a muchos pacientes afectados por el chagas y por el sida, pero tenemos que continuar con la misma intensidad", insiste Farias.

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