Cultura

Los santuarios del cazador paleolítico ya son Patrimonio de la Humanidad

La UNESCO otorgó el pasado lunes la categoría de Patrimonio de la Humanidad a 17 cuevas que albergan los testimonios artísticos más importantes realizados al final la última glaciación. (Foto: EFE)

el 15 sep 2009 / 07:38 h.

La UNESCO otorgó el pasado lunes la categoría de Patrimonio de la Humanidad a 17 cuevas que albergan los testimonios artísticos más importantes realizados al final la última glaciación, cuando casi toda Europa estaba cubierta de hielo y la Cornisa Cantábrica se convirtió en refugio de los cazadores del Paleolítico.

La primera y más importante de ellas, Altamira, ya gozaba de ese reconocimiento desde 1985. Ahora se le suman nueve cuevas más de Cantabria, cinco de Asturias y tres del País Vasco que conforman una colección de arte y yacimientos única en el mundo y corroboran la importancia de la visión que tuvo Marcelino Sanz de Sautuola.

Han pasado ya 129 años desde que, María, la hija del comerciante montañés cambió el curso de los estudios de la Prehistoria en Europa con aquel famoso "¡Papá, bueyes!". El padre miraba al suelo y fue su hija quien le descubrió la maravilla que había sobre sus cabezas.

Era 1879. Marcelino Sanz de Sautuola acababa de descubrir gracias a la curiosidad de una niña las primeras pinturas paleolíticas conocidas hasta esa fecha y, de paso, la más bella muestra artística de la Prehistoria de la que hoy se tiene conocimiento: el techo policromado de los bisontes de Altamira. A Picasso se le atribuye una frase que resume su valor: "Desde Altamira, todo es decadencia". Pero nadie creyó entonces que unos primitivos cazadores fueran capaces de alumbrar tanta belleza. Aunque Sanz de Sautuola defendió con firmeza su descubrimiento, la ciencia le volvió la espalda.

Los prehistoriadores más reputados del momento -en su mayoría franceses- arrojaron sobre él la sospecha del fraude y el estudioso montañés murió en 1888 sin que la comunidad científica reconociese la trascendencia de su hallazgo. Sólo tuvieron que pasar tres años para que la aparición de unas muestras de arte rupestre en Francia abriera los ojos a quienes habían despreciado a Sanz de Sautuola.

En nombre de todos ellos, el científico francés Emile Cartailhac pidió disculpas por el error con su célebre artículo Les cavernes ornées de dessins. La grotte d'Altamira. Mea culpa d'un sceptique.

La UNESCO acordó el martes por la noche en Canadá extender el título de Patrimonio de la Humanidad que concedió hace 23 años a Altamira a 17 cuevas más de la Cornisa Cantábrica descubiertas y estudiadas, en su mayoría, por quienes siguieron los pasos de Sanz de Sautuola, pioneros de la Prehistoria en Europa como el español Hermilio Alcalde del Río, el alemán Hugo Obermaier o el francés Henry Breuil.

Algunas de ellas fueron descubiertas a principios del siglo XX, como El Castillo (Cantabria), El Pindal (Asturias) o Santimamiñe (Vizcaya), otras aparecieron mediado el siglo, como Tito Bustillo (Asturias) o Ekain (Guipúzcoa), y un par se conocen desde hace sólo una década, como La Garma (Cantabria) o Covaciella (Asturias).

Parte de ellas admiten visitas al público, otras cuentan con réplicas para difundir su arte sin exponer su conservación y la mayoría sólo abre sus puertas a los investigadores. Desde anoche, las 17 acompañan a Altamira en el catálogo de la UNESCO.

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