Cultura

Los sevillanos redescubren su 'Miserere'

Nunca debió temer Sevilla perder su tradición del Miserere. Sería una falta que el pueblo no perdonaría a político alguno. Tras las vicisitudes, la Catedral se llenó anoche para, como siempre desde 1832, vibrar. Foto: Javier Cuesta.

el 15 sep 2009 / 01:48 h.

Nunca debió temer Sevilla perder su tradición del Miserere. Sería una falta que el pueblo no perdonaría a político alguno. Tras las vicisitudes, la Catedral se llenó anoche para, un año más y como siempre desde 1832, vibrar con la sencilla oración musical de Hilarión Eslava.

"No se puede interpretar bien una obra en la que no se cree, ni es posible entender el Miserere si no se tienen en cuenta sus aspectos simbólicos y pedagógicos", dice consecuentemente en las notas al programa Francisco Javier Gutiérrez Juan, director de la Banda Municipal, y ayer también de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS).

Sin duda que él cree en la partitura, pero su fe se quedó en el terreno musicológico, descubriéndonos una versión original de la obra pero no acompañándola de una interpretación vigorosa. Antes en cambio, su batuta, sin naufragar, llegó corta, falta de fraseo y bastante insegura en movimientos que como el Amplius, piden una entrada mucho más rápida.

No obstante, en su mérito siempre quedará haberse adentrado en los orígenes de la obra para rescatar las intervenciones del coro gregoriano que originalmente preludiaba cada parte de esta música de una llana belleza y de elevada complejidad vocal. La Schola Gregoriana Hispalensis cumplió en una función, que, si bien no resulta vital, sí ribetea una partitura que agradece cualquier nueva impronta.

Además de estas novedades, la interpretación de ayer, bien tocada por la ROSS-pese a los resbalones de los metales- alcanzó el momento más emotivo en el famoso Redde para dos niños tiples, ese momento que todo el mundo espera y que pone tan nerviosos a los protagonistas como al público preocupado por los pequeños. Los chiquillos de la Escolanía de los Palacios, Hilario Durán y Diego Benjumea, solucionaron con pasmosa solvencia los vericuetos de una escritura de criminal dificultad para sus voces.

Entre los mayores, el contratenor Flavio Oliver acentuó bien y se permitió algún discutible adorno de cosecha propia. Correcto y bien timbrado el barítono Federico Gallar e irregular el tenor, Jorge de Juan, con mal fraseo y un escaso do de pecho en el Benigne.

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