Cofradías

Los templos estrenan la llegada de una nueva Semana Santa

El Domingo de Ramos es como un cortejo cíclico en el que sus nazarenos van desde el de ruan negro que porta la cruz de guía de El Amor, en la Borriquita, hasta el fiscal de banda...

el 24 mar 2013 / 13:31 h.

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El Domingo de Ramos es como un cortejo cíclico en el que sus nazarenos van desde el de ruan negro que porta la cruz de guía de El Amor, en la Borriquita, hasta el fiscal de banda -también de ruan negro- que tras el palio de la Virgen del Socorro pone el broche a la jornada entre los sones de la banda de las Cigarreras. Así es la tarde como también lo es mañana. La iglesia del Salvador se convierte en el epicentro de las idas y venidas de cientos de sevillanos que, horas antes de comenzar a disfrutar de este primer día de la Semana Santa, acuden al templo a contemplar los tres pasos de la hermandad del Amor. Mientras los hermanos más rezagados comprobaban en el listado su puesto en la cofradía, su teniente de hermano mayor recordaba el sino actual de la hermandad. “No estrenamos nada. Todo los esfuerzos van encaminados en la labor social, especialmente con los niños”, explicaba. Casi de la mano de estas palabras, los primeros nazarenos del Domingo de Ramos llegaban al Porvenir. En la Paz todo sabía ya a Semana Santa y en el resto de templos, como en Molviedro, los objetivos de las cámaras trataban de recoger uno de los grandes estrenos de la jornada. Jesús Despojado ponía en las calles de Sevilla un patrimonio que la lluvia del pasado año había impedido ver. No era la única novedad. Bien lo sabía su hermano mayor, Juan Torres, que estrenaba nueva responsabilidad en la corporación. De San Julián a San Jacinto el sentimiento era bastante parejo. Dos barrios, dos formas distintas de sentir la cofradía, pero con el denominador de común de vivir una mañana de incesante discurrir de fieles. A primera hora de la mañana, era el alcalde el que visitaba a la hermandad de la Estrella, siendo recibido por su hermano mayor, Manuel Domínguez del Barco. Unas horas antes, el Sábado de Pasión, el rito se había repetido en la Hiniesta. Con la mirada puesta en el cielo, aunque con algo más de tranquilidad respecto a otros días, la hilera de sevillanos que abarrotaba las calles de la ciudad buscaba cerrar la mañana entre el contraste de la Cena en Los Terceros, donde llamaba poderosamente la atención las bandejas de fruta del paso de misterio, y San Juan de la Palma. La Amargura, salida de esa estampa eterna que es su palio, frente a frente al Silencio Blanco, de remozada túnica. Todo había empezado con una Misa de Palmas para acabar en San Juan de la Palma. Todas las fotos. Enlace a la fotogalería

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