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Los tesoros de la Virgen salen a la luz en el nuevo Museo del Rocío

El obispo de Huelva inauguró ayer este espacio expositivo ubicado en el triforio del santuario .

el 11 jul 2014 / 11:00 h.

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El presidente de la Matriz y el obispo de Huelva –en el centro–, anoche en la apertura del museo rociero. El presidente de la Matriz y el obispo de Huelva –en el centro–, anoche en la apertura del museo rociero. El azulejo que estaba en la puerta principal de la primitiva ermita, fechado en 1696;un traje de la Virgen y el Niño de finales del siglo XVIII;las coronas de la coronación canónica de 1919; las antiguas andas procesionales que en 1933 regalaron Juana Soldán y Pérez de Rañón y sus hijos Juan e Ignacio;o el pergamino que firmó San Juan Pablo II en su visita al Rocío en 1993. Son algunos de los tesoros que se pueden contemplar desde hoy en el nuevo Museo del Rocío, localizado en el triforio del propio santuario. La nueva zona expositiva, bendecida anoche por el obispo de Huelva, José Vilaplana, ofrece un recorrido por la devoción rociera a través del ajuar y otros enseres patrimoniales con los que poner de manifiesto que «el Rocío es una realidad de fe», como bien señaló el presidente de la hermandad Matriz de Almonte, Juan Ignacio Reales. Así, siguiendo el modelo del museo de la Macarena, el recinto se divide en tres salas expositivas que abrazan las balconadas del triforio. La zona de la izquierda –si se mira de frente al presbiterio– exhibe en sus vitrinas uno de los trajes de salida de la Virgen y elementos de la historia devocional, como «exvotos pictóricos, diferentes ráfagas y otros detalles de la iconografía propia de la Virgen de Pentecostés», explicó Manuel Galán, delegado de Formación de la Matriz. Junto al Simpecado antiguo –sustituido hace unos años por una réplica confeccionada en los talleres de Santa Bárbara–, otro de los reclamos de esta zona es la recreación del antiguo retablo de la Virgen con vinilos de grandes dimensiones y varias piezas, felizmente recuperadas para la ocasión. Y del pasado al presente. La segunda sala ofrece en su cabecera la posibilidad de contemplar el actual retablo de la Blanca Paloma. La imponente obra se puede ver a través de unas pequeñas ventanas verticales que permiten «una inusual visión panorámica». Nuevamente, aquí se muestran más piezas del ajuar de la Virgen, en especial, las componen su vestimenta de Pastora en las tradicionales Venidas, así como las coronas de la coronación y el ya citado paso antiguo, cuya peana de madera usó la Blanca Paloma en su última estancia en la parroquia de Almonte. El museo aprovecha también el potencial de los recursos audiovisuales y el enclave de la Marisma para incidir en la singularidad de la romería, «recreando en un ambiente envolvente los caminos que llegan a Ella». En las paredes que dan a las balconadas del triforio se proyectan imágenes de las peregrinaciones y de los momentos del sentir rociero. El final del paseo es «otro tesoro en sí mismo». Se trata del audiovisual que sobre la historia del Rocío ha realizado Carlos Colón y la posterior visión de la Marisma al asomar por una ventana lateral. El horario de las visitas es de 10 a 14 y de 18 a 22 horas. Así que, ya saben, si van a Matalascañas, recuerden que a partir de ahora tienen un motivo más para parar en El Rocío.

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