Los trabajadores de la base aérea reivindican sus empleos encerrados en el consistorio

En la primera de las acciones que llevarán a cabo próximamente, la plantilla augura un futuro laboral «muy incierto» si se llega a ejecutar el tercer ERE debido a la fuerte especialización

el 26 ago 2014 / 14:25 h.

Ni el calor que por la tarde y la noche azotaba en la Sierra Sur Sevillana pudo con los trabajadores afectados por el ERE de la base aérea de Morón de la Frontera. A las 17.00 horas llegaban al consistorio moronense cargados con colchones y enseres personales. Se enfrentan a unos días duros y vienen «preparados para luchar». Su meta es conseguir frenar el despido colectivo que hace tan solo unas semanas planteaba la empresa que gestiona los servicios civiles de la instalación militar Vinnell-Brown & Root Spain (VBR). Era al mediodía del lunes cuando comenzaban las movilizaciones de los empleados que se verán afectados por el expediente de regulación de empleo planteado por VBR tras la decisión del gobierno estadounidense de militarizar tres departamentos de pista. Es precisamente Morón de la Frontera, lugar que da nombre a la instalación, donde estarán pernoctando hasta la mañana del miércoles,para continuar el jueves y viernes en Utrera, localidad donde reside el mayor asentamiento militar de la comarca. Unos «momentos muy duros» se vivían a las puertas del ayuntamiento donde el comité de empresa y los trabajadores eran recibidos por la corporación municipal. Allí, el alcalde de la localidad, Juan Manuel Rodríguez (PSOE), ofrecía todo su apoyo a los 55 empleados afectados. Rodríguez les manifestaba que «los alcaldes implicados no nos olvidaremos del tema e iremos de la mano donde haya que ir». Tras la manifestación, era el salón de plenos y el pasillo central el que acogía a los trabajadores, quienes descansaban en los colchones tras realizar su trabajo por la mañana. Aunque vienen dispuestos «a luchar con uñas y dientes», el desánimo es notable. Se enfrentan, según ellos mismos, «a un futuro muy negro». La mayoría sobrepasa los cuarenta años, y son conscientes de la dificultad de acceder al mercado laboral en la actualidad. Éste es el caso de Víctor, un empleado del departamento de pista que lleva desde 1989 en la base. Con cuarenta y nueve años se quedaría sin trabajo con la dificultad de «haberme especializado mucho». Lo mismo le ocurre a Francisco, un transportista que dejó este empleo para entrar a la base a trabajar. Ahora se encuentra «con un sector saturado y un futuro más que incierto». Es concretamente la situación laboral lo que los anima a seguir en la lucha. Sin embargo advierten que «si no tenemos apoyo político poco vamos a poder hacer». Al menos así piensa Isabel, una trabajadora del departamento de combustible, que teme el día que terminen las negociaciones con la empresa. Será ese momento cuando, si no hay ninguna intermediación, se hagan efectivos los despidos. Por ello, desde el comité de empresa piden al gobierno central «que interceda y al menos dé estabilidad en la base». Asimismo, el portavoz del comité de empresa, Javier Domínguez, solicita «una mayor implicación de la Junta de Andalucía, que es la que tiene competencia de empleo en la comunidad». En lo mismo incide el presidente del comité, José Armando Rodríguez. Para él, la llave que solucionaría el conflicto la tienen los políticos, «quienes deben decirle al gobierno de los Estados Unidos que lo mínimo que debería hacer es seguir ofreciendo el mismo número de puestos de trabajos que cuando se creó la base, máxime ahora con una mayor carga de trabajo en la instalación militar».Además, desde el comité llegan a plantearse si la base tiene «rentabilidad» a tenor del «desmantelamiento» de la plantilla española. Pero, aunque la situación les lleve «inevitablemente» a ser pesimistas, aún mantienen un hilo de esperanza. Un sueño por el que luchan en estas movilizaciones con las que pretenden ayuda política y social.

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