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Los veganos se dirigen a la Tierra

Los veganos han enviado un mensaje al resto de los terrícolas: basta ya de abusar de los animales, tanto por la propia fauna como por una cuestión de sensibilidad, de condolencia con la naturaleza y de respeto a la Tierra, sobreexplotada y con bastante pinta de ir a peor, para cualquiera que suela poner la tele a las tres de la tarde.

el 15 sep 2009 / 00:57 h.

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Los veganos han enviado un mensaje al resto de los terrícolas: basta ya de abusar de los animales, tanto por la propia fauna como por una cuestión de sensibilidad, de condolencia con la naturaleza y de respeto a la Tierra, sobreexplotada y con bastante pinta de ir a peor, para cualquiera que suela poner la tele a las tres de la tarde. Los 7.000 sevillanos que piensan así y que responden a ese nombre suscriben una actitud extendida tímidamente por todo el planeta: no comer ni vestir ni servirse de nada cuyo uso suponga el menor menoscabo para la vida de cualquier criatura capaz de sufrir.

Dentro de esto, como en todo, hay grados. Por lo general, basta con no hacer nada que provoque o sea resultado de alterar, molestar o dañar a los animales, si bien los más estrictos seguidores de esta filosofía no visten prendas de lana, nada de leche ni de huevos (¿han visto el ambientazo de las granjas de pollos?), han dicho adiós para siempre al cazón en adobo, no se les ocurre ir a los toros ni al zoo, no tienen un canario en una jaula y el jamón ni olerlo. El caso extremo es el de los frugívoros, que ni siquiera ingieren fruta salvo que se caiga sola de los árboles.

Vegano es una reducción de la palabra vegetariano. No porque pasen tanta hambre que se coman hasta las letras, que dicen ellos que no, sino para diferenciarse de quienes limitan su actitud a no alimentarse de carne. En la cocina de su casa, la estudiante sevillana Belén Romero hace lo mismo que Drew Barrymore, Uma Thurman, Carl Lewis, Bryan Adams y otros insignes veganos cuando se avecina la hora del almuerzo: preparar el seitán. Cuando un vegano no sabe qué poner de comer, pone seitán, que es lo que ellos, para su consuelo, por defenderse y por no haber estado nunca en Galaroza, llaman carne vegetal.

En realidad es gluten de trigo mezclado con pan rallado, especias y caldo de soja o de verduras. Lo inventaron los chinos. Tiene pinta de filete ruso y se puede hacer frito, en estofado, rebozado, en rollitos, en albóndigas... "El sabor de la carne se obtiene bastante bien con el seitán y otros platos", dice Belén. "La gente suele decir eso de que vaya tela perderse el choricito y el jamoncito, pero con seitán y pimentón choricero te sale un estupendo chorizo vegano. Yo, si algo echo de menos, no es la carne sino el sabor del pescado."

Belén es vegana desde hace un año y vegetariana desde hace tres. El término suena rarísimo: vegana. Cuando alguien se presenta diciendo soy vegano, lo siguiente que uno espera oír es y vengo en son de paz. Craso error, porque no sólo no son extraterrestres sino que tampoco tienen por qué ser "activistas de nada", según sus propias palabras. En resumen, la historia se reduce a no participar en modo alguno en el sufrimiento de los animales.

Ya, pero... ¿y las cucarachas? ¿Y las ratas? ¿Qué hace un vegano cuando un bicho negrucio y bastante repugnante le sube por la falda de la camilla sin haber sido presentado previamente? Conchi Ponti, vegana y coordinadora andaluza de la organización Igualdad Animal, comenta que hay alternativas al insecticida, desde los radares que ahuyentan a los especímenes menos adorables del reino animal hasta tener la casa como los chorros del oro o, en casos extremos, la captura con vida del intruso y su traslado al campo.

"Yo no me hice vegana porque fuese más o menos saludable", dice Conchi, "sino porque los animales sienten y sufren, y yo no soy quién para utilizar a un animal o infligirle un daño". Como afirmaba antes Belén, no conforman un movimiento espiritual ni tienen rituales ni van al Tíbet una vez al año a darse mechas en la coleta.

Es gente normal. "Ser vegano no implica llevar una forma de vida alternativa" ni hay que estar todo el día comiendo soja hasta que emerjan en uno los rasgos faciales más comunes de la Manchuria. "En cualquier súper se encuentran legumbres, cereales, zumos enriquecidos, frutas y verduras, que son los componentes principales de nuestra dieta."

Tampoco es una actitud que afecte sensiblemente a las relaciones sociales. Asegura Conchi que ella se va de tapas con sus amistades como si tal cosa, que no se siente molesta con un amigo si éste se pide una carrillada ibérica y que, en el peor de los casos, quizá la carta del bar se le quede un tanto reducida, pero sólo es "un leve sacrificio" que no cuesta nada. "No miramos mal a nadie que coma carne. La gente no es malvada por hacerlo. Es sólo que ha sido educada así, pero no hay crueldad en ese acto. No todo el mundo entiende que los animales no son recursos sino individuos."

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