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Los viajes de Araújo: En Salónica, dos reñidos encuentros con el PAOK

En el año 1982, el Sevilla disputó ante el PAOK una eliminatoria que salvó tras superar los dos goles que trajo en contra de Salónica. Ocho años después el caprichoso bombo de la UEFA decidió que de nuevo se vieran las caras. Los empates, tanto en Sevilla como en Salónica, dieron lugar a que en los penaltis pasara el equipo nervionense.

el 02 dic 2009 / 07:56 h.

El Sevilla y la UEFA. Grecia tiene grandes atractivos. Historia, cultura, monumentos, bellas islas y pasión por el fútbol. Había tenido el Sevilla un entrenador griego, Dan Georgiadis, que en 1971 se había llevado al equipo a jugar en Atenas dos amistosos contra Olympiacos. Uno lo empató y otro lo perdió, pero aun haciendo un magnífico fútbol con el entrenador heleno y una gran primera vuelta, el bajón físico y de resultados en la segunda le llevó al descenso. Años después, el Sevilla volvería a Grecia para disputar partidos de UEFA. Dos primeros en Salónica ante el PAOK y más tarde ante Olympiacos, Panathinaikos, Atromitos y AEK, éste de clasificación para la Champions.

 

En octubre de 1982, con Manolo Cardo como entrenador y Eugenio Montes como presidente, el Sevilla voló hacia Atenas para pernoctar y madrugar en un viaje al día siguiente hasta Salónica, la antigua capital de la Macedonia griega.

Llegamos el lunes 18 por la tarde a la capital ateniense, pero deseosos de conocerla hubo tiempo de dar un paseo por el barrio de la Placa. Hay quien dice que tiene similitud a nuestro barrio de Triana. Por la mañana volamos hasta Tesaloniki (Salónica) y estuvimos en un paseo marítimo donde hay grandes estatuas de Alejandro Magno y su padre Filipo, nacidos en Salónica, y a los que se rinde culto en muchísimos lugares.

Una vez allí, quedamos alojados en el Hotel Macedonia. Había un ambiente, como iríamos comprobando más tarde, de una enorme pasión. Viajaba con nosotros un intermediario yugoslavo llamado Markovic, quien recomendó a Montes Cabeza que el equipo almorzara fuera del hotel. Según Markovic, algunos equipos habían tenido problemas con los alimentos y el Sevilla atendió a las recomendaciones del intermediario yugoslavo y encontró para comer un restaurante español llamado Andrés. Recuerdo que visitamos un barrio de judíos sefarditas que hablaban castellano antiguo y editaban una revista mensual que nos llamó poderosamente la atención. Por la tarde comenzaron las hostilidades de los aficionados griegos al llegar el autobús al campo y después siguieron los abucheos y los insultos en el entrenamiento del equipo en el Estadio Toumba.

El partido se jugó en ese ambiente infernal de cada uno de los partidos que he tenido la ocasión de retransmitir en Grecia. Después, los equipos en el campo tienen que solucionar los partidos. Con ese ambiente, el Sevilla, de sus muchos partidos en tierras helenas, sólo perdió el de esa noche ante el PAOK por 2-0. Lo que demuestra una vez más que son los jugadores los que en el césped han de solucionar los encuentros. Caras de pocos amigos en la vuelta muy tempranera hacia Atenas de Montes Cabeza, Rodríguez Sañudo, Pepe Álvarez y Paco Ramos, que componían el cuerpo directivo en aquella expedición a Salónica. Después, la vuelta jugada en los primeros días de noviembre iba a resultar exitosa, dado que el Sevilla, en una noche mágica, dio la vuelta a la eliminatoria ganando por 4-0 con un partidazo excepcional de Pintinho.

Otra vez el PAOK. Si había sido infernal el ambiente aquel otoño de 1982 cuando el Sevilla jugó por primera vez en UEFA ante el PAOK, la repetición en 1990 iba a elevarse a su máxima potencia. En el primer partido, en Sevilla, hubo empate a cero. Viajar a Salónica sin ninguna ventaja y conociendo cómo se las gastan en el estadio de Toumba, la eliminatoria era ciertamente muy difícil. Estaba como presidente en funciones José María Cruz y José Ramón Cisneros Marcos figuraría como delegado, estando presente los entonces ex directivos Luis Cuervas, José María del Nido y los hermanos José y Vicente Álvarez Navarro. Nos volvimos a alojar en el Hotel Macedonia. Ya no estaba Markovic y desaparecieron los temores en las comidas, por cierto infundados, y nos acompañó de intérprete Jorge Skipis, que había estudiado Medicina en Sevilla, era socio del club y, curiosamente, natural de Salónica. Los problemas iban a ser para los medios de comunicación radiofónicos, a los que el PAOK solicitaba un millón de pesetas por adelantado. Las emisoras se negaron y la intermediación de José María Cruz ante los dirigentes locales y los de la UEFA no dieron fruto alguno. El secretario general, Aigner, le hizo ver que no podía obligar al club heleno a autorizar las retransmisiones. Años después pude comprobar cómo la propia UEFA cobraba por retransmitir los partidos de las finales que ellos mismos organizaban. Por todo ello, carecían de fuerza moral para obligar a los clubes a algo que ellos no hacían. Al término de la cena oficial, José María Cruz, que había peleado al máximo para que pudiéramos hacer el trabajo, llegó al hotel para decirnos que los dirigentes no habían accedido a sus peticiones.

Cuestión de ingenio. Ante situaciones difíciles siempre se agudiza el ingenio. Alfredo Martínez (Onda Cero), Luis Falla (Radio Nacional) y servidor, que junto a Antonio Somoza retransmitía para Radio Sevilla, encontramos los puntos necesarios para montar los equipos. La Asociación García Lorca nos ofreció un teléfono para que uno de nosotros hiciera el partido. Una peluquera, que estaba casada con un marinero griego, puso a nuestra disposición el suyo de la peluquería, y el tercero se quedaba en el hotel. Tras sortear los puestos, Alfredo fue a la peluquería, Luis a García Lorca y nosotros nos dispusimos a montar el equipo en el hotel. Comienzan nuestros problemas. En el salón de televisión no nos lo permiten, porque molestábamos a los clientes que querían ver el partido. En la habitación, en los años 90, no se disponía de televisión. Con Somoza y Manolo Arenas nos encaminamos a una casa de alquiler de televisiones y logramos un aparato que nuestro técnico montó en la habitación 222 del Hotel Macedonia, en el que íbamos a retransmitir el partido. Después, sucedió el hecho más inesperado que he tenido en mi larga vida como profesional y del que doy detalles en la pieza de apoyo de este texto. El Sevilla logró empatar el partido a cero, igual que en el Sánchez-Pizjuán, y tras la prórroga ganar en el lanzamiento desde el punto de penalti. Las 45.000 gargantas que llenaron hasta los topes el estadio Toumba enmudecieron, según me contaron los compañeros de prensa que pudieron ver el partido in situ. Nosotros, tras devolver el televisor de nuestros apuros y salir pitando en taxi, llegamos al aeropuerto para regresar de un viaje con todo tipo de inconvenientes al que salvó el penalti in extremis lanzado por Diego.

Siempre recordaremos, en lo malo, al llamado Gil y Gil del fútbol griego, como llamaban al presidente del PAOK; en lo bueno, el esfuerzo del presidente en funciones del Sevilla, José María Cruz, y a la presidenta de la Asociación Cultural García Lorca, Cristina Landa, que se desvivió en todo tipo de gestiones para que pudiéramos salvar el escollo más importante que me he encontrado en mi carrera como locutor deportivo. Habrán visto cómo en fútbol los llamados ambientes infernales sirven de muy poco -el Sevilla lo salvó en dos ocasiones ante el PAOK- y cómo con ingenio y personas de buena voluntad se pueden superar barreras que parecían infranqueables, como las que nos encontramos aquel noviembre de 1990 en Salónica, la ciudad que vio nacer a Alejandro Magno.

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