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Los voleones del mejor equipo del mundo

Una vez más, el Betis consiguió que el Barcelona lanzase balones fuera y perdiese tiempo. No le dio para ganar, pero sí para perder con orgullo.

el 09 dic 2012 / 23:24 h.

Cañas y Beñat presionan con ahínco a Messi.
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Después de un sinfín de años gozando del fútbol... perdón, el arte del FC Barcelona que gestó Pep Guardiola, que diseñan Xavi e Iniesta y que ejecuta Messi, la memoria no da para recordar demasiados encuentros en los que ocurrieran acontecimientos, porque así merecen ser considerados, como los acaecidos anoche en el Villamarín. Pocas veces se ve a Víctor Valdés tirando el balón más allá del centro del campo porque la conexión con sus centrales es inviable. Pocas veces se ve a Mascherano apurado por el delantero rival y cediendo un saque de esquina de la nada. Pocas veces se ve a Sergio Busquets lanzando el esférico a la publicidad estática para quitarse de encima a otro adversario. Pocas veces se ve a Pedro perdiendo tiempo al ser sustituido. Y muy pocas veces un conjunto que a la media hora se encuentra con un 0-2 en contra ante la máquina azulgrana no sólo no termina encajando la clásica goleada, sino que encima acaba mereciendo el empate. Una fue precisamente en Heliópolis, no ha mucho, con Edu y compañía.

El primer Betis-Barcelona de la temporada permitió contemplar todas estas escenas, casi inéditas en la historia reciente de la Liga. Si no fuese por Messi, el choque también habría concluido con un desenlace casi inédito en lo que va de curso, porque el Barça sólo se ha dejado por el camino 2 de los 45 puntos disputados. La marca es increíble, exagerada, como los 86 goles del megacrack argentino en 2012, como la habilidad de Iniesta para regatear a la misma pelota en medio milímetro cuadrado de césped, como la capacidad de Xavi para ponerle el esférico en el pie hasta a un espectador de Voladizo si a él le diese la gana. Así es el Barça, hiperbólico hasta rozar la perfección.

Lástima para el Betis que dejase pasar media hora para comportarse como suele frente al todopoderoso gigante culé desde que Pepe Mel prepara estos encuentros. Pero lo que ocurrió a continuación, desde Amaya presionando a Iniesta a veinte metros de Valdés a Salva Sevilla haciéndole un túnel a Messi, desde la inconmensurable y enésima exhibición del beticismo a los voleones y pérdidas de tiempo del mejor equipo del mundo, valió tanto la pena que pocas derrotas habrán sabido tan bien en el Betis.

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