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Cultura

Luces nórdicas, brumas románticas

ROSS *** 7º concierto de la XXV Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Antoni Wit, director. Programa: Sinfonía nº 1 de Chaikovski y Suite nº 2 de Romeo y Julieta de Prokofiev. Teatro de la Maestranza, jueves 15 de enero de 2015

el 16 ene 2015 / 15:35 h.

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Recientes aún los ecos de un Cascanueces que la ROSS tradujo con mera corrección y pocos atisbos de inspiración, como si de una proyección se tratara, su autor y la danza se convirtieron en protagonistas también del primer concierto de abono del año apenas estrenado. Y para brindarlo una de las batutas más estimulantes programadas para esta temporada, la del veterano polaco Antoni Wit, que tan buen sabor de boca nos dejó hace casi tres años en un programa monográfico sobre Brahms. A la espera de disfrutarlo con compositores paisanos suyos con los que ha demostrado ser una autoridad, su trabajo con Chaikovski y Prokofiev permitió lucir a un director con una personalidad y sentido de la responsabilidad encomiables. En sus manos la primera de las seis sinfonías de Chaikovski, habitualmente despachada como obra primeriza y de poco calado, sobre todo por un final con evidentes problemas estructurales, aumentó su valor hasta casi merecer situarla entre la celebérrima trilogía sinfónica final del compositor. Sus reminiscencias de naturaleza nórdica cobraron especial relieve con un desarrollo del colorido orquestal luminoso y espectacular, voluptuoso sin dejar de ser sutil y refinado, y con un extraordinario trabajo de la cuerda grave y los metales, sobre todo en el intensamente nostálgico adagio cantabile. La segunda de las tres suites que Prokofiev extrajo de Romeo y Julieta, aunque contiene varios de los temas principales del ballet, representa poco porcentaje de su excelsa música, por lo que haber programado también la primera hubiera sido un acierto y habría acercado la duración del concierto a los modelos estándar. En esta ocasión Wit acertó reflejando la violencia y angulosidad de la partitura, así como su romanticismo trastornado y el particular análisis psicológico característico de esta suite nº 2, aunque en esta ocasión la orquesta no respondió con la misma calidad y contundencia que en Chaikovski; puntuales errores en los metales y cierta aspereza en la cuerda lo impidieron.  

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