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Cultura

Luces y sombras en torno a ‘Norma’

Crítica de la ópera Norma de Vincenzo Bellini. En el Teatro de la Maestranza. * *

el 08 feb 2015 / 18:41 h.

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Representación de Norma, en el Teatro de la Mestranza. / Pepo Herrera Representación de Norma, en el Teatro de la Mestranza. / Pepo Herrera ÓPERA. NORMA * * Teatro de la Maestranza. 6 de febrero. Programa: Norma, de Vincenzo Bellini. Intérpretes: Sergio Escobar (Pollione), Rubén Amoretti (Oroverso), Daniela Schillaci (Norma), Sonia Ganassi (Adalgisa), Mireia Pintó (Clotilde), Vicenç Esteve (Flavio). Coro del Teatro de la Maestranza. ÍñigoSampil, director. Director musical: Maurizio Benini. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección de escena: Alberto Fassini. Escenografía y vestuario:William Orlandi. Iluminación:Juan Manuel Guerrea. Producción del Teatro Regio de Turín.   Quince razonables años ha tardado el Maestranza en volver a presentar Norma, década y media en la que han cambiado muchas cosas en la ópera, aunque el coliseo sevillano se empeñe en no asumir algunas de las novedades. Quienes entienden la ópera como el gran espectáculo del canto, muy por encima de otras consideraciones, saldrán de estas funciones sin mucho entusiasmo. Su valor canoro es bueno, bastante más que aceptable, pero no tiene el brillo de las Normas históricas. Sin tener que remontarnos a María Callas, se piensa en Joan Sutherland, Leyla Gencer o Beverly Sills, por citar algunas. O también en Maria Guleghina, quien encarnó a Norma en aquella primera cita sevillana. La italiana Daniela Schillaci no tiene el nivel de ninguna de las anteriores. Proyectó su voz de soprano ligera generosamente y tiene un timbre sinceramente hermoso. Pero carece de morbidez en los graves y su canto es menos dramático, menos intenso. A cambio es una buena actriz que, bien caracterizada, como es el caso, dota a Norma de credibilidad. No es una gran voz, pero es una excelente y muy completa intérprete, como demostró en su convincente, que no emocionante, Casta diva. Y esa es la tónica hoy, para tristeza de quienes añoran el pasado, para goce de quienes entendemos la ópera como una extensión sublimada del teatro. Más experimentada, Sonia Ganassi, sobreactuó, además de constatar que su instrumento ha perdido fuste y agilidades, aunque nos gustó el dúo Sì, fino all'ore estreme, bellamente fraseado. El tenor Sergio Escobar vino a justificar el porqué de su carrera ascendente. Desde luego apreciamos en él potencia y volumen sobradas para este y otros repertorios. Aunque le convendría limar ciertas asperezas y un tono bronco, además seguramente de continuar profundizando en el aspecto actoral de su profesión. Rubén Amoretti tiene la capacidad de, sin destacar especialmente, imprimir seguridad y aplomo a cada personaje que aborda. Le costará despertar grandes adhesiones, pero ahí está, ofreciendo su buen hacer en cada nuevo empeño. Por el escenario pasaron también Vicenç Esteve y Mireia Pintó, en roles pequeños. El Coro del Maestranza lleva tiempo asentado en un buen nivel, y cada vez es más distinguible la labor de su director, Íñigo Sampil. En lo que seguramente todos los que acudan a estas representaciones coincidirán es en la soberbia dirección orquestal de Maurizio Benini, ampliamente curtido en este repertorio. Es un magnífico concertador, atento a cada voz, arropando convenientemente a cada cantante, pero también es la suya una batuta briosa y marcial –como demostró en la rápida Obertura– y capaz de hacer brillar la escritura orquestal de Bellini, algo no siempre sencillo. Decíamos al comienzo que los responsables del Maestranza ignoran ciertas cosas que están pasando en la ópera. Sólo así se entiende la involución que está viviendo el teatro en la cuestión de las puestas en escena. La producción del Teatro Regio de Turín no aporta nada a lo que vemos, funciona mediante cuadros estáticos con buena utilización de la perspectiva. La propuesta escénica nos retrotrae décadas atrás, con un cartón piedra risible, un rancio y molesto vestuario que no cesa de exhibir pieles y una iluminación azulona, incómoda. Para esto, una versión en concierto hubiera quedado más digna.

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