Cultura

Lucimiento actoral

Crítica de la obra 'El largo viaje del día a la noche', que se representa en el Lope de Vega. * * *

el 30 ene 2015 / 17:21 h.

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  • Lugar: Lope de Vega, 29 de enero
  • Obra: El largo viaje del día a la noche
  • Autor: Eugene O’Nell
  • Versión: Borja Ortíz de Gondra
  • Dirección: Juan José Alfonso
  • Interpretación: Mario Gas, Vicky Peña, Alberto Iglesias, Juan Díaz, María Miguel
  • Calificación: Tres estrellas
  Un drama psicológico con el que el autor se atreve a dar luz a sus traumas y sus fantasmas del pasado. Es lo que nos propone Eugene O’Nell con esta obra, que da rienda suelta al dolor con una clara intención liberadora, a pesar de que la escribió con la intención expresa de que no fuera estrenada hasta 25 años después de su muerte. Por fortuna su viuda decidió no esperar y la obra se estrenó tres años después del fallecimiento del autor. La historia gira en torno a un reencuentro familiar y transcurre, como su nombre indica, durante un día de verano. A lo largo de esa jornada los personajes irán desgranando toda una gama de conflictos personales y familiares que suscitan una interesante reflexión sobre los sentimientos de culpa y la necesidad del ser humano de dominar su propio destino. Pero ningún personaje lo consigue. Sus vidas están tan marcadas por la enfermedad y la muerte, que casi resultan inverosímiles. Sin embargo, se trata de una historia biográfica que confirma que la realidad supera a la ficción. En ese sentido cabe destacar que, si bien el autor no duda en adentrarse en intrincados vericuetos psicológicos cargados de tensión, más que denunciar las miserias  de cada uno de los personajes les otorga una mirada piadosa, cargada de comprensión, que salva a la obra de convertirse en un mero ajuste de cuentas. Para ello construye el texto como un juego dialéctico que gira alrededor de una serie de monólogos que dotan a los personajes de un carácter teatral. Juan José Alfonso se centra en el trabajo actoral y reproduce un espacio escénico un tanto pobre. La escenografía no es ni conceptual ni realista, el vestuario se limita a situar la época y la iluminación, aunque correcta, no acaba de implicarse con la dramaturgia. La adaptación de Borja Ortiz peca de una excesiva fidelidad al original, lo que le impide conectar con el espectador de hoy en día, a quien los dramas psicológicos no le impactan como antes. La puesta en escena tiene un ritmo denso, abusa de la duración y desprende una atmósfera un tanto fría. Por fortuna, tanto Mario Gas como Vicky Peña hacen los honores al prestigio que les precede, colmando de humanidad sus personajes con una genial interpretación, Alberto Iglesias y Juan Díaz logran transmitir toda la amargura de sus personajes y María de Miguel borda su papel de criada. Gracias a ellos la obra remonta en la segunda mitad, alcanzando algunos momentos tan intensos como emotivos. Lástima que se pierdan en una escena final un tanto precipitada.  

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